lunes, 25 de junio de 2007

Desmanicomialización: “Hacia una transformación de los Dispositivos Hegemónicos en Salud Mental”

Tesis
AUTOR: Amico, Lucía del CarmenUNIVERSIDAD NACIONAL DE LUJAN
Desmanicomialización:
“Hacia una transformación de los Dispositivos Hegemónicos en Salud Mental”2004
Indice
Introducción
Desarrollo del trabajo
Capitulo 1: Recuperación Histórica del tratamiento de la Salud Mental - Recuperación Histórica de las Concepciones, Practicas e Instituciones en Salud Mental.Manicomios: Paradigma del disciplinamiento, segregación y control de la marginalidad.- Una mirada a las Instituciones Psiquiátricas y la situación social de los enfermos mentales internados: Una aproximación desde el Trabajo Social.
Capitulo 2: Efectos de la Institucionalización: “Hospitalismo” y DD.HH. - Los cuestionamientos al manicomio y los procesos de reforma de la atención psiquiátrica: Posibilidades y limitaciones.- Políticas en Salud Mental: La cuestión de las alternativas al manicomio. - Reforma Psiquiátrica Rionegrina- Reforma Psiquiátrica de San Luis- La Salud Mental en el Contexto Actual.- Desmanicomializacion y riesgos. Capitulo
3: Estado, Cuestión Social y Trabajo Social: Vinculaciones con la Salud Mental
Conclusión
Bibliografía
Este trabajo esta dedicado a todas aquellas persona que están sumidas en un sueño muy profundo mas fuera que dentro de este mundo...
A aquellos que luchan, resisten y están comprometidos con la salud y los Derechos Humanos de los pueblos...A Leandro...
Resumen del Trabajo
El presente trabajo esta dividido en tres capítulos. En el primer capitulo denominado: “Recuperación Histórica del tratamiento de la Salud Mental” se analizan los diferentes conceptos respecto de salud mental desde una perspectiva socio- histórica. Al mismo tiempo, se realiza una recuperación histórica del tratamiento de la salud mental en el contexto de la modernidad, del establecimiento del Estado- Nación a fines del siglo XIX y su vinculación con el surgimiento del manicomio. En otro punto, se analiza la situación de los enfermos mentales institucionalizados y, desde la particularidad del Trabajo Social se hace referencia a las instituciones y al control social. En el segundo capitulo denominado: Efectos de la Institucionalización: “Hospitalismo” y DD.HH. , Se analizan los efectos de la institucionalización en el paciente internado, y la violación a los Derechos Humanos, al mismo tiempo que, se incorporan las tendencias, alternativas y movimientos de lucha antimanicomial que aparecen en la segunda mitad del siglo XX, particularmente las experiencias llevadas a cabo en algunos países de Latinoamérica y en Nuestro País.En el tercer capitulo denominado: “Estado, Cuestión Social y Trabajo Social: Vinculaciones con la Salud Mental, se realiza un breve recorrido histórico por la profesión, vinculándola con el Estado, la Cuestión social, las políticas sociales y, más específicamente, a la intervención del Trabajo Social en el área de la Salud Mental proponiendo líneas de acción en los espacios alternativos, teniendo como horizonte los desafíos que se le presentan a la profesión en la actualidad. IntroducciónLa intencionalidad de este trabajo, es abordar la temática de la Salud Mental y la Institucionalización de la locura. El estudio del tema permitió identificar algunos interrogantes que constituyen la asistencia de la salud/enfermedad mental: ¿Cómo inciden las alternativas de atención en salud mental existentes, frente al problema de la locura institucionalizada? Lo cual posibilitó elaborar la siguiente hipótesis: Las alternativas de atención en Salud Mental inciden positivamente frente a la problemática de la locura institucionalizada. Para construir el marco teórico se plantearon algunos interrogantes: ¿Qué se entiende por salud mental?, ¿Cómo han ido evolucionando las concepciones y prácticas dominantes en relación con la enfermedad mental en distintas épocas?, ¿Cuáles son los efectos de la institucionalización en el paciente?, ¿A que hace referencia él termino “desmanicomializacion?", ¿Qué influencia tuvieron las diferentes tendencias antimanicomiales?, ¿Cómo influye la relación grupo familiar- sistema de salud- paciente en el tratamiento de la salud mental?. Desde el Trabajo Social, ¿Cómo es la intervención social en salud mental? ¿Qué posibilidades y alternativas ofrece la comunidad a un enfermo mental?. ¿Cuál es la situación actual de la salud mental en Argentina?. Los objetivos que pretendo alcanzar son:-Recuperar el proceso histórico de la atención en salud mental-Conocer las diferentes concepciones, prácticas e instituciones en salud mental. -Analizar los efectos de la “institucionalización” en el enfermo mental.-Explicar el concepto de "desmanicomialización".-Analizar la intervención del Trabajo Social en el área de salud mental.-Identificar las alternativas existentes para la atención del enfermo mental. Considero importante abordar el problema de la salud mental y la institucionalización, puesto que, persiste en el imaginario social, el prejuicio de peligrosidad y en consecuencia el confinamiento de los enfermos mentales en Instituciones Psiquiátricas para su contención, tratamiento y para preservar el orden social. Esta idea de peligrosidad se constituye en el fundamento de las prácticas que se implementan con el internamiento asilar y la idea de asociar el tratamiento con el aislamiento y la segregación social. Se funda así una trilogía: El juicio de peligrosidad, la necesidad de control y vigilancia asilar, la idea de irreversibilidad y cronicidad. Estos tres aspectos cierra él circulo trágico del internamiento manicomial.Es necesario profundizar en el conocimiento sobre las prácticas de tipo manicomial para la atención del enfermo mental y tomar conciencia de que estas instituciones, burocratizadas y funcionales al sistema social, a menudo, ejercen relaciones abusivas de poder, coerción, disciplina, vigilancia, control y hasta el castigo físico, psíquico y moral sobre los enfermos mentales, detrás de una aparente finalidad terapéutica. Estas instituciones y sus prácticas instituidas en consecuencia, provocan en el paciente una fuerte dependencia a la institución, cronificación, pérdida de identidad, autonomía, desvinculación familiar y social.Por lo antes dicho, con esta investigación se pretende desde el Trabajo Social abrir interrogantes, cuestionar la institución manicomial, desnaturalizar sus prácticas en el tratamiento de la Salud/enfermedad mental del paciente, demostrar las frecuentes violaciones de los DD.HH. y dar cuenta sobre los efectos que deja la institucionalización en el paciente internado. Al mismo tiempo, demostrar la importancia de las alternativas de atención en salud mental en la comunidad que tienden hacia un verdadero proceso de desmanicomialización.
“La enfermedad mental solo puede florecer totalmenteen un Hospital Psiquiátrico.
Así como una planta alcanza el nivel optimo de crecimientoen la tierra bien abonada,
también el enfermo mental logra su mejor desempeñoen las salas cerradas de las instituciones totales.” (Jay Haley)
Capitulo IRecuperación Histórica del Tratamiento de la Salud Mental
Para comenzar este trabajo, considero necesario clarificar el concepto de “salud mental”, es decir: ¿A qué se hace referencia cuando se habla de salud o de enfermedad mental? Partiré por afirmar que la categoría salud mental es de difícil definición, pues, se trata de un término cuyo contenido es, en gran medida, valorativo. El que una persona sea considerada como enferma depende de las representaciones sociales y paradigmas científicos dominantes en cada cultura y período histórico. Durante el siglo XVIII los trastornos mentales son considerados como un alejamiento voluntario de la razón que debía ser corregido mediante el internamiento y medidas disciplinarias. Según Foucault “La finalidad de su aislamiento no era su tratamiento sino proteger a la sociedad de aquellos que infringían las normas sociales”(1); situación que, en algunos casos persistirá hasta el siglo XX. En el siglo XIX, predominan las explicaciones somáticas de la enfermedad mental; objeto de estudio médico, los desordenes psicológicos eran considerados como una disfunción cerebral que debía ser objeto de tratamiento moral, según los principios establecidos por Pinel. El siglo XX, se caracteriza por la influencia del psicoanálisis, la expansión de la clasificación nosológica de las enfermedades mentales, el desarrollo de la neurología, la fisiología y la bioquímica, bases del desarrollo de la psiquiatría organicista, el auge de la psicofarmacología y, el inicio de concepciones psicosociológicas de la enfermedad mental. En cuanto al desarrollo socio- histórico de las representaciones populares de la enfermedad mental en los tiempos antiguos se les atribuia un origen diabolico, y en los tiempos actuales un origen social pero siempre cuestionandose su condicion de enfermedad. Durante mucho tiempo, las enfermedades mentales parecieron cosas extrañas de las cuales la medicina no podía dar cuenta y se les atribuía en la concepción popular, un carácter mágico y maligno y al ser consideradas como producto de la posesión demoníaca se desprendió la idea de peligrosidad y la necesidad de marginación del enfermo mental en instituciones psiquiátricas.En resumen, la diversidad de modelos explicativos y la persistencia de diferentes representaciones sociales de la enfermedad mental hacen inviable un criterio de definición unívoco.En conclusión, las categorías salud y enfermedad mental son tanto la expresión de problemas emocionales, cognitivos y de comportamiento como construcciones culturales y sociales, históricamente determinadas, es decir, tienen una carga valorativa que explica por qué las definiciones de lo que es normal y lo que es patológico varían según el contexto y de acuerdo a los enfoques teóricos y criterios de diagnóstico utilizados, las concepciones filosóficas, morales y psicológicas y los modelos médicos predominantes. Las concepciones actuales acerca de la Salud Mental, en cuanto a su construcción histórica, pueden ubicarse junto al origen de la Modernidad, el auge de las ciencias naturales, la objetividad científica, bajo la influencia del positivismo y el nacimiento de la psiquiatría para la búsqueda de la verdad del fenómeno de la locura. Recordemos que la razón moderna presenta un carácter emancipador es decir, el hombre logra despojarse del dogmatismo de concepciones religiosas, de explicaciones metafísicas y se abren nuevas posibilidades de concebir el mundo y de explicar los fenómenos a través del conocimiento.Desde entonces, el encierro deja de ser entendido como castigo y se lo empieza a vincular con criterios morales- terapéuticos, sustentado en los valores de la burguesía, que propone una vinculación con lo normativo, y en un necesario “reconocimiento del error” y aceptación de los castigos, para que el paciente se acerque a la “curación”. En este contexto el médico llega a ser la figura central, que aparece legitimando al asilo.Con esta cita no se pretende decir que la psiquiatría sea la culpable de la instauración del manicomio, sino que como lo indica Galende el tema resulta más complejo:“No es solo de los psiquiatras la responsabilidad del manicomio. Es la sociedad moderna quien los inventa, los necesita y demanda a “la ciencia” la solución de ese problema, los psiquiatras solos se prestaron a legitimarlo y a rodearlo de una imagen de racionalidad “científica”. La medicina mental legitima al hospicio: bien o mal, se intentaba hacer de él algo terapéutico”. (1994: 13)Al respecto Foucault considera: “Para el internamiento clásico la locura no existe, queda reducida al silencio... La influencia de Tuke y Pinel se une a la figura del personaje médico; ya no más cadenas ni rejas, ya no es represión, es mirada que vigila, es autoridad que encierra y el rigor de la razón que juzga... La justicia que reinara en el asilo no será la del castigo, sino la de la verdad”. “La ciencia de las enfermedades mentales, tal como se desarrolla en el asilo no será nunca mas que ciencia de la observación y la clasificación”. “El antiguo confinamiento imitaba los castigos de los condenados, usando las mismas prisiones, los mismos calabozos; el asilo de Pinel no imita sus mismos métodos de represión, inventa los suyos, o más bien utiliza los métodos terapéuticos del siglo XVIII y los convierte en castigo”.(1990)Las concepciones y prácticas fueron evolucionando con el transcurso del tiempo, con relación al tratamiento de la salud/enfermedad mental. Sin embargo cambia el modus operandi pero la finalidad es la misma. De acuerdo a la racionalidad del momento histórico va a prevalecer determinada concepción y por ende las prácticas e instituciones que le darán forma.Al respecto Pavlosky considera:“ los dispositivos de dominio social no se reducen ya, a procedimientos represivos, en cambio se asiste a mecanismos y tácticas de poder mas finos, sutiles, “neutros”: Se trata de la implantación de sofisticados dispositivos de control, clasificación, categorización, señalamiento, etiquetamiento, sometimiento a exámenes e intervenciones y normativización que lejos de operar mediante la represión, neutraliza los focos de problematización social a través de una infiltración, en el tejido social, de tecnologías manipuladoras, y esquemas de intervención adoctrinantes. Estrategia que lo social se da para coaccionar sobre todo aquello que considere energías inútiles, conductas irregulares, en fin, frente a todo aquello que desestabilice las bases más sólidas del sistema”.A partir del diagnostico y tratamiento psiquiátrico, el loco es reconvertido en enfermo mental y adquiere el rótulo de enfermo, de simple portador de síntomas de una extraña enfermedad, que debían ser eliminados, porque el loco “era peligroso” y por eso era preciso detectarlo precozmente y separarlo del medio. A través de: Choques biológicos e insulínicos, contención mecánica, celdas de aislamiento, lobotomías, altas dosis de psicofármacos, electrochoque, etc., diciéndose aplicadas con fines terapéuticos y no disciplinarios.Esta relación “víctima- victimario” que plantea el autor, se puede vincular en términos de Foucault con: “el conocimiento (la razón instrumental manipuladora) que implica control, dominio y disciplinamiento del diferente, utiliza como medio a las ciencias que lograrían progreso y bienestar... (él medico) poseedor de la razón que se enfrenta a los objetos (el loco), y en ese enfrentamiento manipula, controla, domina al otro, a través del poder y “la verdad” que le da el saber que se desprende de las practicas sociales de control y vigilancia”. (1990: 15 )Con relación a esto, considero que el manicomio instituye una relación asimétrica: victima- victimario, por ejemplo en nuestro país según una investigación periodística, (Revista Gente, 1992) el portero del Hospital Moyano dejaba entrar a la gente de Constitución para seleccionar a determinadas pacientes para tener relaciones sexuales a cambio de dinero en la morgue. En un programa televisivo, hace un tiempo una interna decía “conmigo tuvieron...” .Una institución patológica no puede ser continente de ningún problema conflictivo. En muchas instituciones, no se hace seguimiento científico de los pacientes, no se abren las historias clínicas. La institución psiquiátrica no debería existir, porque no cumple ninguna finalidad. Hay 14.000 internados que les cuesta al Estado 100dolares cada uno: de los cuales ellos no reciben ni comida, ni ropa, reciben hambre, (600 calorías diarias), es mas, la gente que trabaja allí y gana un sueldo módico, la mayoría tienen regias casas. Entonces, que hacemos cuando vemos una sociedad que esta contenta porque los paredones no permiten ver lo que hay adentro, la marginación es el camino de generar la tranquilidad al establishment. Entonces ¿Quién paga las consecuencias?. El último escalón, que es víctima, el menos poderoso: el paciente.En síntesis la psiquiatría, destinada a dar convalidación científica al manicomio, convierte a la locura en enfermedad mental. La enfermedad mental fue considerada como un “desorden interior” de quien la padecía, que podía producir desorden en la sociedad. Por eso era preciso corregir ese desorden interior, sobre todo para normalizar la conducta desviada y restablecer el orden social.
(1)M. Foucault, en Historia de la locura en la Epoca Clásica,realiza un interesante análisis sobre este temaManicomios: Paradigma del disciplinamiento, segregación y control de la marginalidad.Concretamente, hablar de enfermedad mental es referirse aquellas instituciones de control social en donde los enfermos mentales, aún son abandonados. Manicomios, loqueros, hospicios son los nombres para llamar en lenguaje popular a los hospitales neuropsiquiátricos (a cargo del Estado). Lugares de internación, y reclusión para pacientes de bajos recursos económicos, incontrolables para la sociedad. Estas son instituciones frecuentemente estigmatizantes, aisladas geográfica y socialmente y en ellas se violan por lo general, los derechos humanos de los pacientes. Sanatorios o clínicas psiquiátricas (privadas) en cambio es la denominación habitual para las instituciones que albergan los mismos tipos de pacientes que gracias a sus altos recursos económicos, pueden ser recluidos, con menos hacinamiento, en barrios residenciales y con una atención mas personalizada.Desde una perspectiva histórica, el surgimiento del manicomio se puede ubicar a fines del siglo XIX sostenido por los valores de la modernidad, bajo la influencia del positivismo y en presencia de la constitución del Estado Nacional.En este contexto, el manicomio se constituye como un dispositivo disciplinar del Estado para dar una respuesta científica, moralmente adecuada e institucionalmente organizada a la presencia social de la locura. Como lo mostró Foucault en su ensayo sobre la locura, la sociedad moderna priorizó el orden y la limpieza social, separando del espacio público lo que provocaba desorden. De este modo, el objetivo original del establecimiento manicomial fue dar un lugar definido de contención a la locura, la diversidad y la marginalidad improductiva, es decir al “no trabajo”, para limpiar la ciudad y sostener el sistema.Una mirada a las Instituciones Psiquiátricas y la situación social de los enfermos mentales internados: Una aproximación desde el Trabajo Social.Con relación a las Instituciones Psiquiátricas y la situación social de los enfermos mentales internados, es interesante el aporte de Goffman, I. Quien las define como Instituciones Totales, de este modo: “es un lugar de residencia y trabajo, donde un gran numero de individuos en igual situación, aislados de la sociedad por un periodo apreciable de tiempo, comparten en su encierro una rutina diaria administrada burocrática y formalmente”. (1980: 13)En otras palabras diría que, una Institución Psiquiátrica presenta tendencias absorbentes o totalizadoras simbolizada por los obstáculos (puertas cerradas, celdas, pabellones, altos muros, etc.) que se oponen a la interacción y circulación de los internos con el medio social.La relación entre ambos grupos (internos y personal) es escindida, la comunicación es controlada, el paso de la información y la distancia entre ambos esta formalmente pre-escripta. Las características centrales de estas instituciones, siguiendo la postura del autor pueden describirse así: “Todos los aspectos de la vida se desarrollan en el mismo lugar, bajo la misma autoridad y en la compañía inmediata de un gran numero de otros, a quienes se da el mismo trato y de quienes se requiere que hagan juntos las mismas cosas. Por otro lado, todas las etapas de las actividades diarias están estrictamente programadas, de modo que una actividad conduce a la siguiente, y se impone desde arriba, mediante un sistema de normas formales y explícitas y por un cuerpo de funcionarios.”(1980: 20)Cuando un paciente ingresa a una institución psiquiatrica, es despojado del bagaje cultural con el que cada individuo se maneja en su mundo habitual y otra modalidad de vida cotidiana es construida y signada por la institución: anulación del rol social, agresiones psicológicas, obediencia, humillaciones, desposeimiento de posesiones personales, alimentación reglada, imperativos de confesar la vida privada en público, control de movimientos (inmovilización, celdas especiales), violaciones de la intimidad, castigos y amenazas, la internalización de nuevas reglas, la pérdida de autonomía, de singularidad como individuo y la masificación etc. En efecto, la institucionalización provoca en el paciente psiquiátrico una fragmentación, un estigma y deterioro en la construcción de la identidad por la etiqueta institucional y la marginación social, así son evidente los efectos devastadores que todos estos rituales de agresión tienen sobre el interno. Sin dudas, estas estrategias no pueden ser beneficiosas para la salud mental, sino todo lo contrario. Estas referencias muestran el carácter disciplinario y hasta iatrogénico (en la forma de cronificación) que ejerce la institucionalización sobre la situación social del paciente.Con relación a las instituciones, Faleiros, desde un análisis político, sostiene: “Las instituciones sociales se presentan con una apariencia humanista como una forma de ser aceptadas por las clases dominadas. La apariencia humanista esconde el uso de la violencia y la coerción en la búsqueda del consentimiento, ésta se ejerce en forma social, psicológica, moral, utilizándose las presiones derivadas de la situación de autoridad, disciplina y conocimiento”. (1986: 13)“La autoridad profesional puede imponer al cliente (colocado en una posición pasiva) el diagnóstico y la solución que el profesional encuentra en el reglamento y en sus conocimientos técnicos. Si el cliente no acepta las normas queda excluido de los posibles “beneficios”. Si se integra a las normas de la institución queda socialmente excluido, institucionalizado como “cliente”, marcado por las etiquetas profesionales y hasta confinado por la misma institución”. (1986: 15)Desde la perspectiva del Trabajo Social el análisis de este autor muestra claramente la ideología y función coercitiva y moralizante de las instituciones de control social, a través de entrevistas, visitas, interrogatorios, vigilándose acciones y comportamientos.
Capitulo 2
Efectos de la Institucionalización: “Hospitalismo” y DD.HH.

“Ningún sujeto sale intocado de una institución.
La experiencia institucional deja huellas en los individuos.
Tanto de los pacientes como también
de los integrantes del equipo terapéutico”.
O. SaidonEn relación a los efectos de la institucionalización es conocida la situación de “hospitalismo” adquirida por aquellos pacientes a partir de la permanencia continuada en las instituciones, que lo que muestran como patología no responde a los síntomas propios de lo que constituyó su padecer mental inicial, sino cronificación y agravamiento, desvinculación de los lazos familiares y sociales, pérdida de su identidad y de autonomía y es caracterizada por apatía, falta de iniciativa, perdida de interés, sumisión, falta de expresión de sentimientos, deterioro de los hábitos personales, pérdida de la individualidad y aceptación resignada de la realidad.Una leyenda popular sugiere que si los pacientes no están tan locos, al ser recluidos en estos lugares se vuelven mas locos de lo que estaban y que los terapeutas que trabajan en estos lugares terminan tanto o mas locos que sus propios pacientes. Leyendas en el lenguaje vulgar del concepto de manicomializacion: proceso de captura, de aspiración hacia el agujero negro de la locura, en cuyo abismo caen no solo los pacientes sino también los terapeutas, apresados por una ideología que se refleja principalmente en los diversos procedimientos de reclusión, represión y control sobre lo caótico, empleados para cuidar, “curar” la locura.Como expresa Foucault en su texto clásico sobre la locura: “el enfermo se ve afectado por el espectáculo deprimente de un hospital al que todos consideran como “el templo de la muerte”. La melancolía del espectáculo que lo rodea, las contaminaciones diversas, el alejamiento de todo, agrava el sufrimiento del paciente y terminan por suscitar enfermedades que no se encontrarían espontáneamente en la naturaleza, porque parecen creaciones propias del hospital. La situación del hombre hospitalizado comporta enfermedades particulares, una especie de “hospitalismo” anterior a su definición. En efecto, ninguna enfermedad de hospital es pura, el hospital es creador de enfermedad”. (1993; 119-120)Por otra parte, considero que, los efectos de la institucionalización y las prácticas institucionales de “atención” al enfermo mental, son violatorias a los Derechos Humanos. La Declaración Universal de Derechos Humanos, en su articulo 3 dice “Todo individuo tiene derecho a la vida; a la libertad y a la seguridad de su persona”. El articulo 5: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. La misma existencia de las que Goffman llama “Instituciones Totales “ es contradictoria con estos articulos.Él articulo 7:“Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación”. Basta conocer el trato expulsivo y segregador de los que son víctimas los pacientes institucionalizados para ver como esta disposición, que obliga a los Estados miembros, se viola sistemáticamente.El articulo 12:“Nadie será objeto de ingerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación”. ¿Cómo compatibilizar esta disposición con las diarias ”injerencias“ de “arbitrarias” disposiciones judiciales, gubernamentales, policiales y medicas sobre la vida de los enfermos mentales, que, aunque todavía cueste aceptarlo, son parte del sustantivo “nadie” con el que se encabeza este articulo?El articulo 17:”Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad”. Es lo que silenciosa y naturalizadamente viene sucediendo desde siempre con los depositados en manicomios, víctimas por acción u omisión de decisiones que transgreden todo Derecho Humano.La O.N.U. y la O.M.S. fijan los principios de “La protección de los enfermos mentales y el mejoramiento de la atención de la Salud Mental”. Cuyo principio 13 establece: “Todo paciente de una institución psiquiátrica debe tener en particular el derecho a merecer el respeto en cuanto a: Reconocimiento en todas partes como persona ante la ley, intimidad…” y más adelante: “No debe explotarse la labor de un paciente de una institución psiquiátrica”. Resulta imposible compatibilizar estos principios con la despersonalización, deshumanización e institucionalización que sufren miles de seres humanos en las instituciones manicomiales; con la promiscuidad y la obscena exhibición de la locura que se practica en dichos lugares; o con pacientes que hacen de enfermeros, de carceleros de otros pacientes; pacientes que participan de circuitos perversos de comercialización en los manicomios; pacientes que logran algo haciendo trabajos no remunerados en corredores, baños y habitaciones; pacientes que lavan coches en las playas de estacionamiento de los hospitales a cambio de algunas monedas ; el trabajo como manera de pagar la depositación e institucionalización. En otras palabras: desnaturalización del papel dignificante del trabajo.En relacion a la “Admisión forzosa” se establece que un ser humano puede ser retenido compulsivamente en una institución ”si y solo si” un profesional basado en conocimiento medico actualizado científicamente determina que hay por causa de dicha enfermedad “una seria probabilidad de daño inmediato o inminente para esa persona o para terceros”.También afirma que puede admitirse la admisión forzosa cuando "la no internación puede conducir a un grave deterioro de su estado”, pero en el inciso 2 de este Principio dice “Una admisión o retención compulsiva debe hacerse inicialmente por un corto periodo”.Como se ve, aquí las definiciones en torno a la defensa de Derechos Humanos conforman indicaciones técnicas concretas, referidas a nuevos dispositivos por crearse y viejos maltratos presentados como tratamiento, que deben desterrarse.Según la OPS/OMS y al CIDH, las libertades fundamentales y derechos más frecuentemente violados en los hospitales psiquiátricos incluyen: El derecho a ser tratado con humanidad y respeto, el derecho a una admisión voluntaria, el derecho a la privacidad, el derecho a la libertad de comunicación, a recibir tratamiento en la comunidad, a proporcionar consentimiento informado antes de recibir cualquier tratamiento, el derecho a recurrir a un tribunal independiente e imparcial que determine la legalidad de la detención en un hospital psiquiátrico. En los Hospitales Psiquiátricos abundan indignidades psicologicas, físicas y morales, tales como: Los pacientes están obligados a comer todo tipo de alimentos solo con cucharas, están semidesnudos, aun en invierno, las duchas con agua fría, la calefacción no existe, los egresos son por fugas o por fallecimientos, no salen rehabilitados, cuando se supera la cifra aconsejada por la OMS como en los grandes manicomios de nuestro país, los internos parecen “animales enjaulados”, muchos enfermos, poco personal y el hacinamiento como modo de vida. Además la costumbre tan corriente de mezclar los grupos de edades o patologías diferentes hace que el interno se sienta “contaminado” por el contacto con otros compañeros. Con frecuencia ocurren internaciones compulsivas por orden judicial de enfermos psicóticos adictos portadores de hepatitis B o HIV positivo, en especial si son promiscuos, adictos a la prostitución, entrañan un enorme riesgo para los pacientes pasivos indefensos. Las condiciones de vida que los enfermos mentales padecen en la mayoría de estas instituciones son degradantes e infrahumanas, aún hoy se sigue denunciando maltratos, torturas, abandono de persona, abusos sexuales, presuntas extracciones de órganos y de sangre, venta de bebes, se encuentran medicamentos vencidos y ampollas de cocaína liquida, pantanos y túneles secretos, detenciones, indagatorias, expedientes irregulares, firmas falsificadas, muertes misteriosas, certificados de defunción adulterados. Considero que el poco conocimiento de los derechos que protegen a los enfermos mentales, en todo nivel de la sociedad, incluidos los gobiernos, es el factor favorecedor de las frecuentes violaciones de los DDHH.Es importante resaltar que, la tendencia a la desinstitucionalización(2) que muestra la legislación vigente, (la declaración de Caracas, los principios para la protección de las personas que padecen enfermedades mentales y para el mejoramiento de la salud mental (1991) no implica el cierre abrupto de los manicomios, ya que hay pacientes que por la severidad de su patología y muchas veces por falta de continencia familiar deben ser internados en un medio institucional para su contención y tratamiento, aunque sugiere la creación de lugares alternativos de tratamiento en la comunidad.Por otra parte, es urgente atacar la falta de legislación sobre las condiciones asistenciales para proteger a los enfermos mentales institucionalizados. Es necesario que el Estado prohíba la internación de personas sin plazos temporales ni objetivos terapéuticos, en organismos psiquiátricos; como así también, toda disposición de carácter legal, judicial, administrativa o institucional que dictamine la internación forzosa de enfermos mentales sin decisión fundamentada científicamente por institución pública especializada en salud mental; no autorice el funcionamiento de instituciones publicas o privadas dedicadas a la atención de enfermos mentales que estén basadas en la ideología y dispositivos de carácter manicomial; promueva la participación de las instituciones comunitarias para la inclusión social de los pacientes mentales, convocando familias, ONGs, organismos comunitarios y públicos para hacer cumplir las obligaciones legales correspondientes. Por ello se hace necesario ofrecer servicios de salud comunitarios que permitan a los enfermos mentales crónicos la oportunidad de vivir en su propia comunidad, como cualquier ciudadano, es decir que pueda ejercer libremente sus derechos. Desde el Trabajo Social es importante re- crear vínculos con la comunidad para evitar la cronicidad, el aislamiento del portador de trastorno mental con respecto a su ambiente social, como así también, en el caso del paciente con alta judicial direccionar la intervención hacia aquel “etiquetante”, es decir de- construir aquello que institucionalmente fue elaborado, procurar en el paciente externado la adquisición de la autonomía necesaria para mitigar las huellas profundas que deja la institucionalización. En conclusión, la cuestión radica en elaborar una alternativa viable en esas instituciones que, enfrentando el paciente a la realidad de verse con su patología compensada y con alta judicial, se hace necesario constituir un emprendimiento contenedor, que les permita reinsertarse en la sociedad a partir de una instancia intermedia. F-1En la actualidad el PREA (Programa de Rehabilitación y Externación Asistida), implementado por la provincia de Bs.As. , hace 5 años, sigue la tendencia mundial de disminuir las internaciones psiquiátricas a cambio de favorecer la reinserción social de quienes padecen una enfermedad mental. (La Nación, 2004) Casas de medio camino, hospitales de día, de noche, talleres protegidos como alternativas al manicomio son instancia terapéutica dirigidas a la resocialización y rehabilitación psiquiátrica con un abordaje interdisciplinario y global del paciente, su grupo familiar y su entorno social. En este campo, el Trabajo Social aparece como el vector correlacionante entre el adentro-afuera institucional. Se integra en el equipo de trabajo para construir con el resto de las disciplinas el proceso dialéctico sano-enfermo que permita brindar un espacio terapéutico a la problemática de la Salud Mental. La rehabilitación se apoya en estas estructuras intermedias que ofertan la continuidad de cuidados que precisa el paciente psiquiátrico para recuperar la funcionalidad psíquica y conseguir su socialización.Es importante tener en cuenta que en muchos casos las personas llegan al hospital psiquiátrico en situación de locura, pero permanecen “en la sala de espera” por situaciones de pobreza y desamparo social y familiar.(2) El concepto Practica Alternativa hace referencia a aquellas formas no hegemónicas que aceptan o postulan otras practicas o que simplemente rechazan las vigentes. Véase Testa y Bloch en Estado y Salud. Ops. Pag 18. 1989Los Cuestionamientos al Manicomio y los procesos de Reforma de la Atención Psiquiátrica: Posibilidades y Limitaciones.Los cuestionamientos al manicomio y sus formas de atención, se inician con el siglo XX, encontrando su expresión con el surgimiento de distintos movimientos en Europa, EE.UU. y la generación de nuevas practicas alternativas al manicomio en Argentina. En líneas generales, se pone énfasis en la firme defensa de los DDHH, en la reformulación de las técnicas cotidianas con las que se aborda la enfermedad y se exigen cambios en la estructura edilicia sanitaria. Partiré de un rastreo histórico del origen de las alternativas en salud mental para llegar a los interrogantes que plantea la situación actual.En EE.UU, a principios del S XX, aparece un movimiento de “higiene mental” que asociaba la locura con los conflictos inherentes a la sociedad moderna industrializada. Al mismo tiempo, en Inglaterra se llevan adelante experiencias de Open Door que plantean que el manicomio puede estar ubicado en la periferia de las ciudades, ocupando grandes extensiones de terreno, sin limites vigilados, introduciéndose al trabajo y el contacto con la naturaleza como la modalidad terapéutica, que permitiría encauzar a aquellos que padecen trastornos mentales.En tanto en Argentina en ese periodo, D. Cabred, apoyado por el entonces ministro, Montes de Oca, inspirado en las experiencias inglesas importa el sistema de puertas abiertas; así funda la Colonia Nacional de alienados.Por otro lado, en EE.UU y Europa comienzan a crearse “patronatos de ayuda al enfermo mental”, en los que tendrá un papel importante el Trabajo Social. Dice Carballeda: “Los trabajadores sociales trataban de obtener ayuda económica para mejorar las condiciones de vida de los internos, generaban estrategias de asistencia durante la externación, otorgaban orientación en la posterior búsqueda de empleo y, trataban mediante contactos de tipo familiar y comunitario lograr una mayor aceptación de los alienados en la sociedad”. (1994:5)Está claro también que la subsistencia de estas instituciones constituye además, un obstáculo, en tanto los fondos que debieran destinarse a servicios ambulatorios, son absorbidos por estos grandes establecimientos que, además de producir efectos negativos en la vida humana, resultan onerosos en lo económico para el Estado. Al respecto Foucault, en su ensayo sobre la locura decía: “Y si en lugar de construir vastos hospitales cuyo mantenimiento es caro, se distribuyeran directamente los socorros a las familias de los enfermos, habría en ello tres ventajas. Primero, sentimental, porque al verlo cotidianamente, la familia no pierde la piedad real que experimenta hacia el enfermo. Económica, puesto que ya no es necesario dar a este enfermo alimento y alojamiento, que le están asegurados en su casa. Finalmente medica, porque sin hablar de la minuciosidad particular de los cuidados que recibe, el enfermo no corre el riesgo de “hospitalismo”. (1990)En términos económicos, al Estado le cuesta más, tener personas internadas en grandes manicomios que externadas en Instancias Intermedias. Teniendo en cuenta que el Estado gasta en una cama psiquiátrica entre $900 y $1200 por mes, por una cifra menor los pacientes podrían vivir en Casas de Medio Camino integradas a la comunidad. El proceso de reformas de la atención psiquiátrica, se inicia en Europa finalizada la segunda guerra mundial y sostenía el Cierre definitivo de los manicomios y la Creación de redes comunitarias para la atención, promoción y prevención de la salud mental. El logro de la participación fue clave para avanzar hacia un cambio en el imaginario social, influido por las ecuaciones enfermedad mental = internamiento, enfermo = peligrosidad, enfermedad =locura = estigma social. Estas reformas afectaban a distintos sectores de profesionales y de personal que resistían los procesos de cambio: la intervención de otros profesionales integrando equipos interdisciplinarios, la utilización de métodos terapéuticos como la psicoterapia, la comunidad terapéutica y la reducción de psicofármacos.Para lograr la adhesión y el consenso del sector profesional en los procesos de reforma, así como también, cambios en el imaginario social, para lograr su participación activa, resultó esencial el surgimiento de movimientos sociales apoyando a los enfermos y sus familias y a las reformas, ya que lograr conciencia crítica sobre la situación de los enfermos internados en los asilos va a la par con tomar conciencia social acerca de los derechos humanos y de ciudadanía, que permitan percibir que el problema de la salud mental concierne a toda la sociedad.En nuestro país, estas propuestas tuvieron fuerza a partir de los años sesenta, bajo la influencia de la F.A.P. y la presencia del Estado Benefactor.Políticas en Salud Mental: La cuestión de las alternativas al manicomio. En este apartado intentare acercarme a una reflexión en relación con las políticas de salud mental a fin de contribuir a la profundización de éstas, con el objeto de crear o recrear instancias que posibiliten la construcción de un pensamiento estratégico para la elaboración de prácticas alternativas.Por otra parte, en esos momentos, la aparición de los psicofármacos ha significado la mayor revolución en el campo de la psiquiatría, llegando a convertirse en una parte imprescindible del tratamiento de muchas enfermedades psiquiátricas.La respuesta cuantitativamente hegemónica hacia el padecimiento subjetivo (aun con gran desarrollo del psicoanálisis) sigue siendo la prescripción incontrolable de psicofármacos; Estas “muletas químicas” que tanto benefician al capitalismo, se utilizan para palear problemas que el mismo genera.Así, la propia elección de un medicamento que es provisto por una industria farmacéutica, en vez de alguna alternativa terapéutica que incluya trabajo humano es parte de la lógica del sistema y es notable ante problemas de salud mental.Esta cuestión se asocia con la iatrogenia medica y la medicalización de la vida cotidiana; tal como lo señalo Foucault, el objetivo central es el control social, así, la medicina mental construye rótulos, medicaliza ese rotulo y recluye para “curar”.Después de la segunda guerra mundial, las Naciones Unidas, la OMS y otros Organismos Internacionales, en sus definiciones, declaraciones y proyectos van a recalcar el lugar de lo social dentro del campo de la salud mental, asignando a éste un rol destacado. Todos estos nuevos procesos, van a influenciar en la conformación de las instituciones psiquiátricas, en las modalidades terapéuticas y en la lectura que las propias sociedades hacen del tema.Es así, como en 1953, la OMS recomendó la transformación en Comunidades Terapéuticas de todos los hospitales psiquiátricos, adoptando el modelo propuesto por M. Jones en Inglaterra. La Comunidad Terapéutica plantea que no deben existir fuertes formas jerárquicas, es decir el hospital debería reformular su estructura de forma que en su interior las relaciones entre personal y paciente se tornaren mas humanas y democráticas. Establece que debe haber libertad de comunicación, propender a la creación de espacios terapéuticos grupales, generar espacios de reconocimientos recíprocos como formas de fomentar la sociabilidad y propone a la asamblea comunitaria como un órgano de gestión de la institución psiquiátrica. Además, esta modalidad permitía la participación de todos, de diferentes profesionales, entre ellos, el trabajador social y además, posibilito la inclusión de la familia como un actor importante en el tratamiento y la delegación de responsabilidades a los pacientes considerados en estado de mayor autonomía. En nuestro país en ese periodo se registran los primeros aportes y experiencias de E. Pichon Riviere en el terreno de lo grupal, el trabajo comunitario Y las acciones preventivas de la salud mental. Simultáneamente se desarrollan experiencias alternativas en diferentes países. Sobre este proceso dice E. Galende: “En los años 50 se va definiendo el nuevo reordenamiento de lo mental en el mundo. I. Goffman muestra en EE UU la creación de una nueva patología por el internamiento, crecen las socioterapias y las comunidades terapéuticas, llega la ley Kennedy en 1963 con el programa federal de psiquiatría comunitaria. En Francia con el apoyo del frente patriótico se promulga la reforma sanitaria y la creación del sector como una nueva política en salud mental. En Italia el frente democrático reconstruye la organización de salud e instala las primeras comunidades terapéuticas, para luego con Basaglia terminar con el cierre del hospital de Trieste y la actual ley de salud mental. Todo este movimiento no debe entenderse como despliegue, extensión o modernización de la psiquiatría, ya que, por el contrario, constituye su crisis, expresada justamente en su imagen institucional, y ha de llevar a la construcción de un nuevo modelo de acción, que son las políticas en salud mental” (1990: 146)Es importante destacar los determinantes históricos en los procesos contemporáneos de desinstitucionalizacion psiquiátrica: Contextos históricos de guerra. Coyunturas históricas de escasez de fuerza de trabajo y revalorización del trabajo humano (énfasis en la rehabilitación de grupos poblacionales considerados improductivos). Procesos de transición demográfica (desestructuración y transformación de estructuras familiares convencionales) Coyunturas políticas de democratización, de procesos revolucionarios y de emergencia de movimientos sociales populares, procesos políticos sociales de afirmación de derechos civiles y políticos; organización y avance de movimientos sociales, de trabajadores, usuarios y familiares actuando directamente en el campo de la salud mental. El desarrollo de sistemas básicos de bienestar social y en contextos de afirmación de derechos sociales como base para la implantación de servicios de salud mental comunitarios). Cambios en las formulaciones epistemológicas, filosóficas, teóricas y prácticas en ciencias humanas y en el campo psi (critica a los paradigmas convencionales en psiquiatría y al poder de diversos profesionales, ej. el psicoanálisis, los trabajos de Foucault, la antipsiquiatria, la psiquiatría democrática de Basaglia, etc. En los años 60 se gesta el movimiento antipsiquiatría con la influencia de: R. Laing, F. Basaglia, D. Cooper, y otros quienes, cuestionan a la psiquiatría y la existencia de los manicomios autentico productor de trastornos irreversibles. El enfermo mental es la víctima de un sistema patógeno que proviene de un medio que manifiesta constantemente las contradicciones y conflictos de la sociedad. La enfermedad mental es una invención oportunista y opresiva de la sociedad y de la psiquiatría. La postura critica hacia la familia, como principal causadora de la enfermedad, es una fuerte característica de este movimiento.En desacuerdo con esta posición considero que las familias que se ven afectadas por cuadros de enfermedad mental sufren una fuerte desestructuración, que requiere de la ayuda profesional. La convivencia con un miembro enfermo es difícil, estresante, genera relaciones violentas; es un factor desintegrador acompañada por rasgos de desorden interior. Melman, S.,argumenta: “Esa perspectiva de culpabilizar a la familia, va a influenciar muchos abordajes familiares, en vez de ayudar, solo sirve para intensificar el sufrimiento de lidiar con un miembro enfermo y la responsabilidad por el cuidado que, por si solo, ya es causante de estrés en el medio familiar” (1998: 50)En estas situaciones, el papel de la familia es fundamental para iniciar un proceso de rehabilitación. Esto implica, direccionar la intervención profesional no solo sobre el paciente, sino también hacia todo el grupo familiar. Además, es imprescindible trabajar en el ajuste de la relación familia- sistema de salud. Al respecto, resultados estadísticos demuestran la mejoría del paciente cuando la triada medico- paciente- familia es funcional y el deterioro del mismo cuando este vinculo contenedor no se conforma. El paciente enfermo es muchas veces la punta de iceberg de situaciones familiares conflictivas, un emergente de problemas que encuentran su camino a través de la crisis. Esta crisis tiene como telón de fondo conflictos afectivos, con fuertes ambivalencias, roles rígidos y estereotipados, conflictos, delegaciones y aspectos de violencia familiar que se presentan con un desenlace desagradable.Estudios de Sobrecarga Familiar indican que la presencia de un miembro portador de trastorno mental en la familia, aumenta la responsabilidad sobre su tratamiento, la cantidad de cuidados que son tomados con aquel, produce un fuerte impacto en la familia. Las cargas financieras, sociales y subjetivas con el enfermo son muy elevadas y no siempre percibidos de forma clara por los familiares que según los estudios “presentan una tendencia a minimizar las experiencias de sobrecarga”. En general, en familias de bajo nivel socioeconómico, los costos para los cuidados suministrados son muy altos, teniendo en cuenta que el enfermo mental, en la mayoría de los casos, no es económicamente activo e independiente. A esto se le suma que dentro de la dinámica familiar, una o más personas asumen responsabilidades por esos cuidados, lo que las imposibilita de entrar en el mercado de trabajo y asimismo de contribuir para la renta familiar, además de impedir su realización personal y profesional.El autor antes mencionado considera que: “Debido a los preconceptos existentes en la sociedad contra los enfermos mentales y el poco conocimiento sobre la enfermedad mental, hay una tendencia en las familias al aislamiento social apartándose de amigos y de otros familiares. Tal situación se observa con mas profundidad en aquel familiar que es directamente responsable del cuidado del enfermo mental” (en la mayoría de los casos la mujer). (1998: 62)Resumiendo, el trabajo integrado de aspectos biológicos, psicológicos y sociales que se articulan en estos cuadros con personas portadoras de trastorno mental, nos proporciona como trabajadores sociales una gran herramienta terapéutica: La de trabajar con grupos familiares y la red social. Así se logra integrar al paciente, con su familia y su soporte social. Esta suma de vínculos y relaciones solidarias proporciona un mejor pronostico medico y una mejor calidad de vida.El análisis de la evolución de estas propuestas pareciera indicar que la simple disminución de las internaciones psiquiátricas y la creación de formas asistenciales alternativas no ha sido una garantía de transformación real de los supuestos básicos criticados. El manicomio, como establecimiento y dispositivo institucional continua hasta nuestros días siendo la respuesta asistencial hegemónica, es decir como el único referente “legitimado” frente al tratamiento de la salud/ enfermedad mental.Sin embargo, muchas veces cuando se plantea terminar con el manicomio, y en consecuencia se proponen las estructuras intermedias, no pasa de ser solo un cambio de nombre, es decir el dispositivo manicomial persiste bajo el disfraz de formas alternativas.Latinoamérica ajusta las políticas a las “recomendaciones” de la OPS, mas interesada en controlar y penetrar en su discurso psiquiátrico comunitario y de atención primaria, que a cuestionar las raíces sociales de la problemática de la salud mental. Los programas comunitarios de salud mental ejecutados en nuestro país no han sido fruto de un análisis profundo, sino la copia burda de otros paises que no tienen las mismas necesidades que Latinoamerica y todas las acciones impulsadas por los movimientos sociales se revierten con la instauración del Estado terrorista, Por otra parte, los esfuerzos de A. Korn, A. Ponce y J. Ingenieros no fueron suficientes para rescatar la obra de Cabred y continuarla. Esta cuestión muestra como las políticas de salud mental no tuvieron continuidad. Fueron años de olvido de la problemática de salud mental, a comparación de la salud publica en su época de oro del Hospital Publico, la enfermedad mental era menospreciada y desatendida y la asistencia psiquiátrica con características más custodiales que terapéuticas. No obstante las transformaciones en los países centrales encontraron eco y forma propia en algunas propuestas. En Latinoamérica, particularmente en Brasil en 1978 se inicia la reforma Psiquiátrica, con la emergencia de movimientos sociales, después de un largo periodo de represión militar. Dentro de los cuales se destaca el movimiento de trabajadores de salud mental que inicia un fuerte proceso de cuestionamiento de las políticas de asistencia psiquiátrica vigente.En tanto en la Argentina, se crea en los 60, el Instituto Nacional de Salud Mental. La reforma contenida en el plan Kennedy es retomada en las practicas comunitarias, y la prevención pasa a ser relevante en la resolución de los prejuicios respecto al enfermo mental y su internación en loqueros. La creación de centros de salud mental, del servicio de psicopatología y la consolidación de la internación psiquiátrica en el ámbito del hospital general, es un gran cambio que marca una nueva etapa en las políticas de salud mental. Las comunidades terapéuticas también son base de algunas experiencias innovadoras como las desarrolladas en Entre Ríos. Este hito marca una mutación respecto de las filosofías que acompañaron las políticas de salud mental en el campo asistencial. El modelo psicológico se oficializa en el ámbito hospitalario y asistencial en general y se abren las puertas a nuevas disciplinas en la medida en que el poder oficial de la psiquiatría decrece.Con el retorno a la democracia, en 1984, los principios básicos de la experiencia Italiana son retomados en la Reforma Psiquiátrica de la Provincia de Río Negro y en la reforma realizada en la Provincia de San Luis.Reforma Psiquiátrica RionegrinaCon la restauración de la democracia se inicia un proceso de transformación del Sistema de Salud Mental vigente. Hasta ese momento la asistencia psiquiátrica provincial estaba concentrada en un único Hospital Neuropsiquiátrico. En 1985, con la llegada del Dr. H. Cohen a la provincia de Río Negro se ocupa por primera vez el cargo de Jefe de Depto de Salud Mental recientemente constituido por las autoridades provinciales.Se inicia entonces un proceso de transformación del sistema de atención psiquiátrica que tendrá dos hitos fundamentales: El cierre del manicomio (1988) y la sanción de la Ley 2440 de Promoción Sanitaria y Social de las Personas que Padecen Sufrimiento Mental, (1991): Era necesario construir una nueva norma legal que permitiese consolidar las transformaciones en curso. Este fue un paso importante en la provincia.Para lograr el cierre del manicomio se pone en marcha un plan de extenacion. La elaboración de las normas para la intervención en crisis y la conformación de los equipos de patrulla, compuestos por choferes, mapuches, agentes sanitarios, enfermeros, estudiantes, etc., son fundamentales para impulsar la transformación que culminara con el cierre del manicomio. Es decisiva la conformación de nuevos equipos en los hospitales generales intentando implicar activamente a los trabajadores de la salud y, especialmente la decisión política de internar en las salas comunes a los enfermos mentales, compartiendo con clínica médica el sector de camas, hecho que genero conflictos, pero que fue esencial para la inserción en el hospital general y así revertir la marginación y depositación en el manicomio. Este tipo de trabajo sostenido por un equipo provincial numeroso y con el apoyo institucional y comunitario permite la consolidación de una modalidad de trabajo en salud mental comunitaria que optimiza las prestaciones de los trabajadores de salud mental y favorece el cambio de la representación social de la locura y la formulación de las estrategias terapéuticas más convenientes para concretar las dos prioridades de la Política de Salud Mental Rionegrina: La intervención en crisis y La reinserción social. El equipo de salud mental opera en el lugar donde el individuo transcurre su vida en forma habitual. Por otra parte, se implementan estrategias terapéuticas para resolver problemas reales y concretos de las personas, como la actividad recreativa en lugar del psicofármaco o se trata de que el individuo conserve su trabajo. Desde la intervención social en lo cotidiano, implica la realización de gestiones ante los organismos correspondientes que ayuden a la persona con sufrimiento mental a recuperar su autoestima: viviendas, calzado, alimento, pensión. Otro principio fundamental que dio sentido a la reforma es el afecto. Cohen sostiene: “Los que tenemos formación universitaria sabemos como ha sido negado el afecto como elemento esencial a la hora de encarar un proceso terapéutico. Nuestra experiencia nos muestra que es un elemento clave a la hora de entablar un vinculo interpersonal y es conductor de toda posibilidad de recuperación. Abre o cierra las puertas de cualquier relación y permite transitar los caminos más difíciles. Lamentablemente aun no tenemos el apoyo científico que nos permita precisar cuales son los fenómenos que el afecto despierta en un vinculo terapéutico y de que manera poder objetivarlos y sistematizarlos como herramientas de cambio. La desmanicomializacion debe destruir muros y rejas llegando hasta la transformación de nuestras propias mentes Una actitud autoritaria es manicomial, se desarrolla dentro o fuera de las paredes del manicomio. Las acciones para reducir el estigma social y la discriminación son claves para la desmanicomializacion”... “el proceso de desmanicomializacion apunta a producir transformaciones en las personas, construyendo una nueva cultura para con el diferente y para que esto se pueda concretar es necesario la intervención de todos los sectores de la comunidad con sus instituciones deben ser parte activa del proceso, construyendo practicas concretas que posibiliten nuevas alternativas para atender y reinsertar al sufriente mental.” ( 1994)Reforma Psiquiátrica de San LuisEn 1993 se inicio un plan provincial de salud mental con el objetivo de reformular integralmente la atención psiquiátrica en el sistema publico de la provincia. Así una larga historia de encierro, calabozos y abandono social terminó en San Luis con el hospital abierto, y habitado por la comunidad, donde las familias son ayudadas. El conocimiento y el aprendizaje han reemplazado al maltrato y la humillación y muestran un nuevo modo de concebir la salud y la enfermedad.Cuenta Pellegrini, J: “el sistema publico se apoyaba en un hospital psiquiátrico con periodos de internación extremadamente largos, comenzamos nuestro trabajo con una actualización de los diagnósticos médicos, los mismos habían sido hechos cuando el paciente había ingresado, era un diagnostico descriptivo, inalterable e implicaba una sentencia de encierro... Después de revisar cada historia clínica y cada paciente quedo claro que el principal diagnostico era institucionalización, el cual enmascaraba los síntomas y diagnostico originales. Cada paciente se comportaba como un loco, tal como se esperaba socialmente de el... El manicomio presentaba ausencia de planes de externacion y reinserción social y un exclusivo uso de psicofarmacos como tratamiento, encierro definido por los pacientes como calabozos, promiscuidad y suciedad, golpes, abandono, insultos en la conducta de agentes de salud”. (1998: 25)Así se empezó por personalizar los tratamientos y se inicio una política de puertas abiertas, reconectando a los pacientes con la comunidad y su familia, tambien se puso en marcha un plan de externación, apoyado en una red de atención comunitaria.Al respecto agrega el Dr. Pellegrini: “poco a poco el tema de la locura y el manicomio llama la atención de la población, los partidos políticos, la iglesia católica, los medios de comunicación, etc. y el sistema de externación y la reinserción social comenzaron a ser foco de polémica... quienes se oponían a esta nueva política (jueces, policías, docentes, funcionarios y dirigentes políticos) no defendían al manicomio, pero para ellos la palabra tratamiento era sinónimo de encierro, ellos partían de la idea que la enfermedad mental es incurable y peligrosa, estaban formados en una cultura caracterizada por la separación, el abandono, el maltrato y la descalificación del paciente que sufre una enfermedad mental”.(1998: 26)Así fue como se abre el hospital y el trabajo con la comunidad circundante, bajo la idea de ir transformando el viejo hospital monovalente en hospital polivalente, teniendo en cuenta que la salud mental no debe estar separada de la salud en general. Algunos pacientes viven aun allí y otros encontraron nuevos hogares, en algunos casos reciben ayuda de municipalidades, juntas vecinales o centros de salud. Muchos servicios de salud mental fueron organizados en hospitales generales. Se reorganizo el presupuesto del hospital y se hicieron reasignaciones. El gasto en medicamentos bajo un 70 % y ese dinero solvento planes de atención domiciliaria para atender la enfermedad y ayuda social a pacientes externados. El hospital les provee medicamentos, ropa, calzado y hasta materiales de construcción para sus casas.Otra particularidad fue el lugar que se le dio a al familia del paciente. Hay una alianza entre el hospital, el paciente y la familia que ofrecen una mejor red de contención.El hospital publico ha sido reestructurado, Sin pabellones, tiene amplios corredores y circulación de comunicación. En 1998 se crea una escuela en el mismo hospital para entrenar personal en esta nueva concepción de la salud y la enfermedad.Lo significativo de ambas experiencia, es que se llevan adelante en un contexto de democracia, después de los 90 y se instituyen legalmente; lo que lleva al desafío de convertir a la salud mental en una problemática a ser pensada tanto por el poder legislativo, como por el ejecutivo y el judicial y a ser discutida en la comunidad, abriéndole la posibilidad de participar de la planificación de la salud mental, además de dar un marco de legitimidad y legalidad a las intervenciones.Otro aspecto interesante es que la crisis es abordada allí donde tiene lugar, en el domicilio, en el trabajo y es el mismo equipo el que asiste en momentos de “descompensación". Por otro lado el equipo conformado por psicólogos, trabajadores sociales, trabajadores comunitarios y personas de la comunidad con diferentes saberes, oficios, capacidades que se suman al equipo terapéutico, que presenta características interdisciplinarias, superando, de este modo la hegemonía del saber medico. La internación cuando así se requiere se efectiviza en el hospital general, oponiendo una alternativa al manicomio, es decir cuando las situaciones superan las posibilidades de abordaje comunitario es el hospital general el que contiene la crisis.En este recorrido histórico de las alternativas de salud mental, surge un interrogante: ¿Todas estas propuestas han sido efectivamente alternativas si se entiende por tales a lo contrahegemonico?.Creo que, las transformaciones en líneas generales, adquieren un eje modernizador, aunque no necesariamente “alternativo”. Mas que propuestas alternativas son modernizaciones parciales tendientes a diversificar la oferta en un mercado restringido y a racionalizar los costos. La Salud Mental en el Contexto ActualDesde la implementación del modelo neoliberal, con la última dictadura militar en nuestro país (1976) y la implantacion del Estado de Malestar, se asiste a lo que se ha dado en llamar una “nueva cuestión social”, caracterizada por: Perdida del soporte salarial como forma de inclusión social, desempleo masivo, precarización laboral, inadecuación de los sistemas de protección social, exclusión, desafiliación y nuevas formas de pobreza. Estamos inmersos en un momento en que el Estado se retira de la cobertura de los riesgos (enfermedad, vejez, desempleo, etc.) y transfiere sus funciones a la esfera privada. Mientras que el Estado benefactor era garante de derechos sociales, en cambio el Estado actual devuelve a los individuos la asunción de los riesgos. No solo se modifica el rol del Estado, sino el sentido de lo público y de los ejes esenciales de la cohesión social. Como afirma razonablemente Galende: “El retiro del Estado y el avance de la privatización esta reforzando las respuestas asistencialistas de las demandas que reciben los servicios con el agravante de que la primacía de la respuesta asistencial lleva a sobreindicacion psicofarmacologica y a las internaciones evitables; Todo aquello que era atendido solidariamente por el estado sé esta transformando en un campo mas para la inversión y la renta económica. La salud publica se esta transformando en una mercancía gerenciada por grandes grupos económicos que la colocaran como una mercancía mas en las góndolas para que cada uno compre la salud que pueda pagar”. (1997: 55 )En el contexto de los cambios actuales, las políticas de salud se deslizan hacia el concepto de mercado de la salud, con un importante movimiento de capitales. La prestación gubernamental tiende a restringirse a los aspectos asistenciales de supervivencia focalizadas a los sectores que van quedando marginados y la seguridad social resquebraja ante la disminución del empleo y del salario. Las políticas de salud mental son determinadas por estas circunstancias con el agravante que su asignación de recursos fue tradicionalmente escasa y se las tiende a considerar un “lujo” descartable frente a necesidades extremas, concepción que las coloca en primer lugar cuando se trata de recortes presupuestarios.En consecuencia, estas condiciones materiales y simbólicas de vida generan malestar y cambios en la subjetividad de los individuos, perdida de identidad social, fragmentación de los lazos sociales, vulnerabilidad, aislamiento, individualismo, emergencia de nuevos problemas sociales, aumento de la violencia y refugio en las adicciones.Como afirma Quiroga, “Las personas ya no están solo privadas de trabajo, sino también aisladas socialmente. No solo desprovistas de recursos, sino desconectadas de las redes solidarias”. “Si el sujeto se encuentra devaluado en su función esencial de productor tiende a darse un impacto en lo subjetivo que se expresa en la melancolizacion, el encierro, sentimiento de vacío, soledad y pánico”. (1997: 32)Pero no es menos compleja la situación de quienes, estando empleados desarrollen su existencia en la amenaza permanente de dejar de estarlo, o bien en condiciones de flexibilización laboral, que se materializa como un disciplinador social, esto es jornadas laborales interminables, trabajo en sábados, domingos y feriados desfavorecen la interacción agudizando el individualismo y la competencia. Así, el desempleo coloca a los individuos en edad productiva, como grupo de riesgo, al poner en cuestión un elemento central de su identidad: El trabajo. Teniendo en cuenta que el trabajo es no solo el reaseguro económico y de protección social-sanitaria-previcional, sino que es también la vía de reconocimiento social, es decir implica pertenencia social y realización humana. En consecuencia, todos estos cambios en la sociedad tienen su impacto en la salud mental, y generan nuevos padecimientos. Esta relación entre las políticas de ajuste económico con la des-responsabilización del Estado y la necesidad de mantener ciertos principios fundamentales en la realización de una política de salud mental, se ha visto cuestionada a raíz del debate sobre los planes de desmanicomializacion (3)Considero que la sociedad a través de sus instituciones debería hacerse cargo de la segregación de la locura que ella misma produjo u ofrecer instrumentos de integración a la marginalización en que la locura arrojó al sujeto. Así, coherente con este pensamiento, seria una crueldad dejar sin asistencia alimenticia o sanitaria a los enfermos mentales que desde siempre han sido marginalizados.Lo antedicho es de suma actualidad en nuestro país, donde se han dado experiencias que tras un planteo de crítica al manicomio, han generado expulsiones de los enfermos, consiguiente pérdida del cuidado debido, acompañamiento ausente en la salida de la institución, y negación del derecho a la necesaria atención medica. En ocasiones este empeño por vaciar los hospitales ha sido una desgracia. Casos crónicos que habían estado recluidos durante mucho tiempo fueron de súbito arrojados a la comunidad, siendo allí objeto de frecuentes malos tratos por su dificultad para desempeñarse adecuadamente. El hospicio para enfermos mentales difícilmente pueda ser defendido como forma de terapia pero tampoco es defendible la liberación de pacientes mentales crónicos en la comunidad desprovistos de toda orientación.(3)El concepto “desmanicomializacion” hace referencia a experiencias llevadas a cabo por grupos políticos y técnicos cuyos objetivos simbolizasen una redefinición de practicas en el área de la salud mental “opositoras” al manicomio como instancia de internamiento crónico.Esta redefinición se basa en el cierre definitivo del manicomio y en la transformación total del modo de atención de la practica psiquiátrica con la finalidad de recrear redes vinculares y sociales que posibiliten la contención extramuros.Desmanicomialización y riesgos.Considero que antes de plantear el fin del manicomio hay que desarrollar y garantizar los mecanismos sociales, políticos y jurídicos que se hagan cargo de la problemática de la locura. Entonces, cerrar el manicomio es un proceso complejo que incluye el riesgo de la mayor decadencia y demolición para estas personas que habitan los manicomios. Posiblemente el modelo neoliberal no carece de propuestas criticas al manicomio. Por el contrario, un aparente cuestionamiento al hospicio puede ser absorbido por nuevos esquemas, tendientes a potenciar la prestación privada y colocar a la prestación estatal en el lugar de una asistencia marginal para marginales. Su discurso cuestionador, sin embargo, no se dirige a revisar la psiquiatrización de la locura y del malestar subjetivo, sino que va por el lado del rol del Estado, la caída de lo público y el triunfo del mercado. La base de su cuestionamiento es el alto costo y la baja eficacia de sus establecimientos.Es en este contexto, que el establecimiento manicomial resulta insuficiente en sus objetivos de origen: Dar un lugar definido al no trabajo. La marginalidad desborda sus posibilidades. Si el manicomio cumplió la función de recordar a la sociedad que había un lugar de contención a la locura, la diversidad y la marginalidad; si legitimo la negación de los más elementales derechos para quienes fueran recluidos en él, si el amparo de la institución psiquiátrica permitió formas de represión agresivas que no herían la sensibilidad social (dado que piadosamente se las consideraba aplicadas por “el bien del paciente”), puede decirse que los asentamientos humanos irregulares son los manicomios de la época. El lugar de los marginados, de los excluidos. Si no se consideran los riesgos reales, entonces al amparo de las calles, serán devueltos los internos.Se trata aquí de profundizar la critica al hospicio y promover las formas sociales, políticas y jurídicas de su desarticulación, no confundiendo esta con el desamparo de los enfermos mentales. La Reivindicación del hospital publico no puede llevarnos al absurdo de defender el hospicio. A pesar de todo, no se ha construido una solución alternativa que permita resolver social y humanamente el problema de los locos. Especialmente si pensamos en aquellos que, tras largos años de segregación y custodia en estas instituciones, han perdido toda relación social con el exterior de las mismas. Sin familias, con familias sin posibilidad de continencia, sin posibilidades reales de empleo, sin vivienda, el desamparo en el que se encuentran hace que el asilo sea su único rasgo de identidad y “hogar” natural. Indudablemente el mantenimiento de estas instituciones ya no es solo un problema de costos económicos. Es preciso reiterar que con el mismo gasto que insumen estas instituciones degradantes es posible prestar una atención más humana, racional y menos degradante. No debe existir ninguna duda sobre la exigencia de abolir el manicomio definitivamente y seguir avanzando en el problema de la desmanicomializacion. Pero seria contradictorio con estas posiciones permanecer indiferentes sobre los modos en que las personas institucionalizadas podrían insertarse en una sociedad con los rasgos reseñados. Para muchos de ellos la sola externación puede no llegar a ser mas que un nuevo desamparo, más cruel que el vivido en el hospicio. Se debería tratar de plasmar la respuesta social en políticas sociales y de salud concretas, que reflejen el compromiso social solidario con las necesidades de los enfermos mentales. Construir alternativas en lo social continentes para recibir y aportar a la recuperación de la ciudadanía de las personas externadas.Los establecimientos ideales de salud mental deberían de ser parecidos a los distintos establecimientos donde transcurre la vida cotidiana. Una casa de medio camino debe ser, simplemente una vivienda. Se trata de pensar un espacio para sujetos de derecho, ¿Cómo se resuelve esto con nuestros recursos y reconociendo la existencia de grandes establecimientos cuyo desmantelamiento abrupto redundaría en el desamparo de muchos de sus habitantes?. Una reforma en el área de salud mental requiere transformar representaciones sociales. La disolución de los manicomios debe estar presente en toda política de salud mental, el cierre definitivo de la admisión en los manicomios terminaría con la resistencia al cambio aun existente. La asistencia en instituciones polivalentes es el único camino para evitar cronificaciones. ¿Por qué este reconocimiento universal a la optimización participativa del hospital general como ideal de asistencia, así como el desarrollo de programas preventivos, solo se ha incorporado parcialmente?. Él número de servicios de psicopatología que funciona en los hospitales polivalentes se ha incrementado, pero la internación aun no se ha generalizado. Transformar el espacio manicomial es cambiar el uso de sus instalaciones, esto contemplaría la caída de muros, creación de jardines; reestructuración de pabellones. Cuando se piensa en la modificación del Hospital Psiquiátrico se lo hace bajo una óptica reduccionista o localista. Se piensa el cierre del manicomio con él ponerle llaves a sus puertas. Es en el complejo contexto actual, donde debemos situar el análisis y las propuestas de acción sobre el problema de los manicomios. En esto toda simplificación, todo reduccionismo, llevan a acciones estériles o peor aun, pueden terminar alentando aquello que se proponen combatir: La marginación del loco.Por otra parte debería generalizarse en los Centros de Salud Mental la implementacion de Nuevos Abordajes Terapéuticos en el tratamiento de la salud/enfermedad mental. La psicoradio es un dispositivo terapéutico coordinado por los mismos pacientes, presentado, como un modo de abrir el manicomio a la comunidad. El taller resulta ser una herramienta alternativa de expresión, para lograr reconstruir lazos sociales, elaborar conflictos, y desarrollar capacidades personales que permitan abordar tareas preventivas. La musicoterapia, la murga, la creación y el arte se proponen como recursos terapéuticos en salud mental. Es importante crear dispositivos y espacios de enunciación donde se valorice el poder de la palabra, para rescatar la subjetividad de las personas. La concurrencia a los talleres se instala a partir de la libertad de elegir de los sujetos, es decir de la posibilidad de expresarse y de transformar el mundo, así, la participación se convierte en una herramienta terapéutica. Estos recursos terapéuticos se presentan como alternativas al servicio de la promoción de la salud mental, confrontando las concepciones y practicas hegemónicas impuestas por el manicomio que propone: Encierro, oscuridad y muerte.La laborterapia es un dispositivo psicosocial que debería ser utilizado con mas frecuencia. Generar fuentes de trabajo rentado y / o actividades productivas para los pacientes de manera de garantizar la circulación social evitando la estigmatización por la enfermedad. La producción en los talleres es creativa y transformadora, adquiere valor de intercambio social, así la exposición y venta de productos, manualidades y artesanías, ante la crisis económica y la falta de recursos (con valor de cambio, como producción propia), es decir la interacción con la comunidad, facilita la inserción social y laboral de las personas portadoras de trastorno mental.
Capitulo 3
Estado, Cuestión Social y Trabajo Social: Vinculaciones con la Salud Mental
En el contexto de constitución del Estado- Nación surge una significativa preocupación por la Cuestión Social, entendida como:“La manifestación de las desigualdades y antagonismos políticos, socioeconómicos y culturales inherentes al desarrollo capitalista y producto de la relación capital-trabajo que pone en jaque el poder hegemónico de la burguesía, atentando contra el orden establecido”. ( Parra:1999; 81-82)Es en este marco socio-político y siguiendo los pasos del movimiento de los médicos higienistas, se produce en las primeras décadas del siglo XX, la institucionalización del Trabajo Social. Mary Richmod, sistematiza un método de intervención en la profesión (el caso social individual), con la intención de diseñar una metodología que aporte en el ordenamiento de la intervención y establecerá para ello diferentes etapas.El estudio, la evaluación y el tratamiento del método de casos serán las etapas a seguir en el abordaje de los casos. Es decir el ajuste de la personalidad, el logro del cambio en el cliente a través de un tratamiento orientado a modificar su situación y/o sus comportamientos. Desde su surgimiento, la intervención del Trabajo Social en el campo de la salud mental, se tornó en una especialización particular de la profesión: El Trabajo Social Psiquiátrico. Este posicionamiento demandó para el desarrollo profesional, la utilización de saberes y métodos asociados a la psicología, sociologia y psiquiatría, de esta manera se comienza a psicologizar la lectura de las problemáticas sociales y/o a patologizar las relaciones socio-familiares de las personas con trastorno mental. Su intervención se desplazaba hacia el problema individual, ajeno a las condiciones estructurales del propio capitalismo y, por lo tanto, ubicando esta intervención en el terreno de lo patológico como disfuncionalidades a ser corregidas: ajuste, adaptación y disciplinamiento son conceptos que no tienen relación con el reconocimiento universal de los derechos del hombre. De esta manera, se comprende que las manifestaciones de la cuestión social son consideradas como problemas sociales, producto de desvíos y falta de adaptación de los sujetos que no alcanzaban a incorporar los valores y las normas socialmente sancionadas. La organización económica y la estructura social nada tenían que ver con la existencia de la desigualdad social y sus consecuencias. Así, promovía la clasificación, homogeneización y tipología de las disfuncionalidades, la discriminación de los hombres, rotulándolos por su carencia o enfermedad, que atentaban contra el orden establecido, metiéndose coercitivamente en el espacio privado de los sectores populares en vista a controlar, normalizar y normativizar la vida cotidiana de los sujetos. Teniendo en cuenta los aspectos sociales de la intervención dentro de las Instituciones Psiquiátricas, el Trabajo Social desde su fundación intervino alrededor de una preocupación acerca de la integración signada fuertemente por lo formal – contractual, es decir oscilando su intervención entre el disciplinamiento y la normalización del “otro desviado” para integrarlo al sistema, a través de parámetros científicos- técnicos pre- fijados formalmente.Estas implicancias del Trabajo Social están relacionadas a la identidad atribuida, prefabricada y dada por la lógica del capital, dándole la connotación de una practica alienada, alienante y alienadora, enclaustrada en las instituciones y distanciada de la lucha de clases. Así la practica profesional poseía un carácter empirista, reiterativa, paliativa y administrativa- burocrática, promoviendo la reproducción de las relaciones sociales del capitalismo y no dejando margen de autonomía para la intervención del trabajador social en las instituciones que solo se limitaba a ser un ejecutor terminal de las políticas sociales.Entre sus funciones el Trabajo Social siguiendo el modelo tradicional, actúa como intermediario de la relación entre el paciente y su familia y/o el paciente y el mundo externo del hospital, también de la relación familia- medico- institución. Entre sus acciones se destaca: La realización de seguimientos, historias clínicas, gestiones sociales, movilización de recursos materiales y financieros y la responsabilidad de contactar los familiares de los pacientes.Para concluir, con relación a las practicas en salud mental, el Trabajo Social como un agente institucional subordinó su practica profesional a los proyectos hegemónicos, asegurando de este modo, el control social y el disciplinamiento moralizador de los sectores dominados ante la peligrosidad que representaban para las clases dominantes. En palabras de Carballeda: “Desde una perspectiva histórica, la intervención en lo social surge marcada por una tradición normativa, relacionada con la problemática de la integración como forma de mantener el orden y la cohesión de la sociedad, a través de dispositivos de disciplinamiento que se aplican mediante prácticas e instituciones”. (2002: 91-92)El Trabajo Social en la actualidad se enfrenta a nuevos desafíos que implican continuidades y rupturas con respecto a la practica profesional tradicional y exigen una reconfiguracion de la profesión y del profesional una formación altamente calificada cultural, política y teóricamente.Su practica cotidiana, generalmente se limita a atender la urgencia, visualizándose el trabajo institucional como contradictorio y excluyente de la posibilidad de desarrollar trabajo comunitario y de promocionar acciones tendientes a potenciar en el sujeto la dimensión de autonomía.Esta de mas decir que la practica profesional caracterizada por su fuerte impronta pragmática y utilitarista con tendencia a respuestas inmediatas es un obstáculo indispensable a vencer, si se desea continuar con la lucha por un campo disciplinar no subordinado a otros. Entonces, la renovación de la profesión supone cortar con su estructura original, tradicional, conservadora y de control social. La intervención debe justificarse desde un marco teórico referencial y sostenerse en una perspectiva teórica- metodológica critica basada en la investigación, el análisis, leer lo social como una construcción subjetiva, histórica, cultural, considerando los intercambios y reciprocidades en la vida cotidiana, atravesada por lo macrosocial. Una intervención desde lo social implica en la actualidad la posibilidad de incorporar esas cuestiones, apoyándose en otros paradigmas explicativos. Intentando facilitar la construcción de nuevos espacios que permitan modificar los ordenes previamente construidos. Por otro lado, importa la construcción de un lazo social en la que la cuestión del poder y el "saber" circule, interesa el saber del otro, de la familia, de la comunidad, trabajar con otros profesionales, explorar el saber de otras disciplinas y tender así a la participación de todos en las decisiones que nos conciernen. En esta dirección, se requiere de la renovación de marcos conceptuales y metodológicos que nos permitan comprender las nuevas condiciones que la vida social plantea. Esta claro que no podemos comprender totalmente como y donde estamos parados como trabajadores sociales en estas políticas, adonde nos dirigimos cuando pretendemos, desde nuestra praxis, modificar alguna parte de las problemáticas de los seres humanos, ni tampoco podemos visualizar lo que las nuevas maquinarias sociales se aprestan a hacer de los enfermos mentales, en suma de todos los marginales improductivos y otros indeseables. Pero que este desconocimiento no paralice el intento de elucidación, ¿Al servicio de que concepciones de la sociedad, de la salud/enfermedad comprometemos nuestras practicas?, ¿De que manera estas implicancias afectan nuestro modo de vida, nuestra ética, nuestros actos?.En el desempeño de su función el Trabajador Social dependiendo de su opción política, puede tomar posición, al servicio de quienes lo contratan o a quienes van dirigidos sus servicios; ambos presentes y enfrentados en las condiciones en las que sé efectiviza la práctica profesional, puede orientar su intervención reforzando la legitimación de la situación vigente o reforzando un proyecto político alternativo con las clases dominadas. Se trata, en fin, de reflexionar sobre el carácter político de la practica profesional.Teniendo en cuenta que el modelo neoliberal hace que un alto porcentaje de habitantes del país sea excluido del mercado de trabajo. ¿Qué pasa entonces con los enfermos mentales?. Como alternativa valida es necesario que los enfermos mentales, sus familias, las entidades que los representan comiencen a hacer un ejercicio de los derechos que por ley le corresponden y modificar o agregar aquellos que no están, lo que requeriría un mayor compromiso y una participación mas activa en su defensa. Partiendo de las estructuras legales existentes (derechos del discapacitado) y a los efectos de que dentro de las instituciones de salud mental se generen las alternativas viables para lograr su cumplimiento, habría que reflexionar sobre las posibilidades del paciente con alta judicial y la realidad que los encuadra según tengan o no familias continentes. Esto es, preguntarnos cuáles son las alternativas viables desde lo institucional, lo judicial y lo social para un verdadero proceso de desmanicomialización.ConclusiónLa institucionalización de las personas portadoras de trastorno mental, afecta negativamente el proceso de recuperación. La internación domiciliaria o las internaciones breves en Hospitales Generales, la atención y el seguimiento comunitario se proponen como dispositivos adecuados que posibilitan la superación de crisis agudas sin atentar contra la vinculación socio-familiar, sometiendo a la persona a la vivencia de situaciones indignas en grandes manicomios, generando un síndrome de hospitalismo que conlleva la adaptación pasiva a la institucionalización asilar.Evidentemente que, el no contar con dispositivos de atención que superen la internación manicomial responde a la existencia de una modalidad de atención sanitaria en el campo de la salud mental, específicamente, y de la salud en términos generales. La ausencia de políticas sanitarias que contenga una articulación sistemática entre sus diferentes niveles de atención es un gran obstáculo, que posiciona al hospital neuropsiquiátrico como único recurso de atención sanitaria, con el que cuenta la comunidad.En este sentido, queda claro que el desarrollo y ejecución de las políticas sociales en el sector de la salud mental se centraron básicamente en la atención asilar, tanto para su internamiento como para la realización de tratamientos ambulatorios. Los intentos de reforma fueron propuestas efímeras y no contaron con el apoyo político necesario para fundar una modalidad de atención sanitaria que incluyera la diversidad de enfermedades mentales y las particularidades de los sujetos que las padecen, respetando sus derechos.Esta situación expresa la valorización que subyace respecto de la salud/enfermedad mental, como un binomio inseparable pero que a su vez señala que el dispositivo de atención se localiza en la enfermedad. A partir del ingreso al dispositivo de atención sanitaria, la persona con trastorno mental ingresa a un circuito del cual resulta difícil salir.Ante situaciones de crisis, la familia, la comunidad, los agentes policiales, judiciales y sanitarios evidencian la internación en el hospital neuropsiquiátrico de la persona como la solución apropiada.La naturalización de la existencia del hospital psiquiátrico como dispositivo hegemónico en la atención de la salud mental es un fenómeno que ha permanecido desde el siglo XIX en nuestro país, si bien es cierto que se han dado importantes intentos de rupturas en diferentes momentos socio-históricos, pero ello también nos habla de lo que socialmente estamos dispuestos a aceptar como locura. La respuesta socialmente construida a la enfermedad mental ha intentado ocultar, bajo el discurso de ideas humanistas, su ineficacia en la resolución de las problemáticas inherentes, posicionando como problemáticas individuales la incapacidad sea para su recuperación, para el sostenimiento del tratamiento o para la asunción de responsabilidades sociales. Más allá del avance de las ciencias sociales, de los aportes realizados por las investigaciones provenientes de la medicina, de la psicología y los descubrimientos operados en el campo de la farmacología, no se ha producido hasta el momento un cuestionamiento radical a la modalidad de atención, a su organización, dinámica y objetivos de funcionamiento: Es un problema del individuo que no se adapta.La inclusión del Trabajo Social, en el análisis de la reconstrucción histórica de la modalidad de atención en salud mental, se debe a que participa como una disciplina encargada de todo lo inherente a lo social de las personas que padecen un trastorno mental. Por ser una profesión asalariada, inscripta en la división social y técnica de trabajo, su ejercicio profesional se centra, básicamente, en la implementación de políticas sociales. Esta particularidad del lugar socio- ocupacional del Trabajo Social le imprime una direccionalidad atribuida por la propia lógica que generan las políticas sociales. Es decir, el Trabajo Social en el ámbito de la salud mental no puede romper con la marca humanitaria pero no por un problema endógeno de la profesión sino por determinantes estructurales de la propia lógica de las políticas diseñadas para operar en el sector y de las instituciones de salud mental.Las normativas jurídicas, el dispositivo psiquiátrico y la conciencia de la población, no abandonan el prejuicio de la trilogía de peligrosidad, segregación y control. En general se encierra "preventivamente”, para que el enfermo no atente contra si mismo o los otros, como reza la ley, no porque al momento haya cometido tales actos delictivos. Todo el sentido de las transformaciones ha consistido en abolir la discriminación social del enfermo, la segregación represiva manicomial, la conciencia psiquiátrica estigmatizante y legitimadora de la internación asilar, el sentido de la peligrosidad y los "establecimientos especiales". Uno de cada mil ciudadanos habitan diversas instituciones de carácter manicomial por trastornos psiquiátricos, que en muchos casos solo ocultan terribles desamparos sociales y familiares. Un gran porcentaje está allí por decisión judicial y a la espera de resoluciones de externación que nunca llegan. Son verdaderas detenciones legales pero ilegitimas, reflejo de la impotencia de las instituciones psiquiátricas y de la institución judicial. Reflejo también, de una sociedad injusta en la atención de los derechos de sus ciudadanos, insolidaria respecto del sufrimiento y la marginación, banal en la comprensión de los problemas que enfrenta. Resulta absurdo, tener que hablar de la peligrosidad de los enfermos mentales, tener que convencer a los diversos poderes de que la peligrosidad no esta en ellos sino en los peligros que acarrea enfermarse mentalmente y ser atrapado en los dispositivos institucionales y en los poderes decisorios de quienes, por ignorancia, legitiman a diario la realidad de los manicomios.Como profesionales de lo social no permitamos que nos encierren en el circulo trágico de la agresividad, violencia, peligrosidad, reclusión. Es posible romper ese circulo. Es tarea de psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, sociólogos, antropólogos, hombres del derecho, la política y la cultura. Se trata de una responsabilidad de todos, y como ocurrió desde siempre el loco es sólo un sector de la marginación social, es preciso pensarla en su conjunto para aportar una mayor racionalidad en las respuestas.
No acepten lo habitual
Como cosa natural
Pues en tiempos de desorden
De confusión organizada
De arbitrariedad consciente
De humanidad deshumanizada
Nadas debe parecer natural
Nada debe parecer imposible de cambiar.
(Bertold Brecht)
Bibliografía
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Diccionario crítico de ciencias sociales. Universidad complutense de Madrid. Madrid. 1992.
-Carballeda, A.: La intervención en lo social. Exclusión e integración en los nuevos escenarios sociales. Paidos, Bs.As. 2002
-Castel, R.: La metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado. Ed. Paidos, Bs.As. 1995-Faleiros, Vicente de Paula: “Espacio institucional y espacio profesional” en Trabajo social e instituciones. Ed. Humanitas. 1986. Págs 7-21
-Foucault, M.: Historia de la locura en la época clásica. México. Fondo de cultura económica. 1990-Galende E.: "Situación actual de la salud mental en Argentina, en Revista Salud, problemas y debate, año IX, N°17, Bs As, 1997. Pág. 10
-Galende, E.: Psicoanálisis y salud mental. De un horizonte incierto, Editorial Paidós, Bs As, 1997-Goffman, E.: Internados. Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales. Ed. Amorrortu. Bs.As. 1980.
-Iamamotto, M.: Servicio social y división del trabajo. Ed. Cortez 1997-Parra, G.: Antimodernidad y trabajo social. Orígenes y expansión del trabajo social argentino. Departamento de ciencias sociales, (Unlu)1999-Stolkiner, A.y otros: Políticas en salud mental. Lugar Editorial, Bs As, 1994
-Material de la Revista Margen. Gentileza Sr. Carballeda.
-Material del Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos (Universidad popular madres plaza de mayo)
- Material Bibliográfico gentileza Dr. Pellegrini. (San Luis)- Material Bibliográfico gentileza Programa Reforma Río Negro.-Diario La Nación.-Revista Gente.

Antipsiquiatría; Deconstrucción del concepto de enfermedad mental








El discurso de la psiquiatría


Caracteriza a las disciplinas, cuando se consolidan, el poseer un lenguaje propio, un lenguaje que las constituye y funda.Tal lenguaje se consolida a partir de la interacción, entre el lenguaje “natural” o corriente” y el discurso científico.
Lo que llamamos “discurso científico” es un espacio de representación colectiva en el cual se da la ciencia como actividad humana.El trabajode la ciencia consiste en una permanente reformulación de sus objetos.De hecho, las disciplinas científicas pueden caracterizarse como discursos que creany re-crean los objetos de los cuales “fabrican” enunciados.Estos arte-factos se convierten, cuando el diálogo y la polémica fructifican, en factos.Los “hechos” de la naturaleza suelen ser el resultado de disputas zanjadas.Las “verdades” de la ciencia no son el fundamento de las comunidades científicas.Las comunidades científicas son comunidades de problemas y, sobre todo, de retóricas.Una físico reconoce a otro físico por su modo de concebir y desarrollar enunciados verosímiles sobre algún interés común.
Es necesario pues, estudiar el discurso científico en tanto que discurso, hay que reflexionar sobre sus orígenes y modo de constitución, hay que aceptar que no es sólo un producto sino una fuerza productiva.La realidad es una narrativa exitosa.Es aquello que se hace hablando en una comunidad de reconstrucciones de objetos que sólo existen en tanto se habla de ellos de una determinada manera.
El discurso del especialista no es más que una diferenciación, a veces deformada, del lenguaje corriente.Especialmente en las disciplinas cuya formalización discursiva no es de orden matemático y que basan su progreso más bien en la acumulación y ordenamiento de enunciados con contenido empírico. La verosimilitud, que no es precisamente la verdad sino una narrativa exitosa, es el logro al que aspira la ciencia.Sus instrumentos se perfeccionan en dirección a una retórica convincente, el argumento que da cuenta del máximo número de fenómenos, que a la vez resulta económico y elegante por su precisión.Tal es el caso del discurso de la psiquiatría.
Puede ser que la psiquiatría y otras disciplinas de carácter antropológico-médico no sean comparables a las ciencias que la tradición considera fundamentales, dado que en ella son evidentes ciertos rasgos de mutabilidad y obsolescencia que el historicismo ha considerado inherentes a la realidad social. Es innegable el impacto de la cultura y la época en la constitución de un vocabulario técnico y de su repertorio de conceptos. No son pocos los ejemplos en los que una afortunada expresión abrió insospechados caminos a la investigación y la práctica.No son escasos, tampoco, aquellos en que una palabra, por ese proceso que Lukács llamó “reificación”, se convirtió en cosa, creando un espejismo, un pseudoproblema en torno al cual se articulóun modo dehablar y se fundaron subdisciplinas y especialidades completas,hasta el punto de hacer pensar -cándidamente- que se avanzaba en las profundidades de la realidad natural.Un claro ejemplo de estostérminos desorientadores que se son extrañamente 'fructíferos' fue la voz 'esquizofrenia'.
Ahora bien, otro problema referido al estatuto del saber psiquiátrico es el del discurso inquisidor, la forma en que emplaza sus constructos como dispositivos del poder, de modo tal que una mismaexpresión en boca de un profano carece del peso -o las consecuencias en el orden médico-jurídico- que tiene si es dicha por un perito psiquiátrico.Supongamos que alguien rotula a un individuo de “demente”.Obviamente, la “verdad” no interesa para poner en marcha, por ejemplo, el sistema de atención médica.Sólo la reconstrucción técnica de lo designado por el vocablo es válida socialmente.Y ello, en virtud de ser el término usado por alguien que “sabe”.Saber, en este caso, supone que el instrumental lingüístico ha sido previamente “socializado” en usos y contextos específicos por parte de quién profiere la expresión. Participar, en rigor, de una tradición que valida el uso.
Así el trabajo de investigación, en cualquier disciplina, consiste en construir significados o, lo que es casi idéntico, inventar objetos para hablar de ellos.El lenguaje es la realidad constitutiva esencial de toda ciencia y también de toda práctica social.Una y otra se perpetúan por la enseñanza, que es la reconstrucción perenne de los significados sociales.
Hacer del discurso de la psiquiatría el punto central de la indagación, estudiarlo en sus mutaciones y en sus permanencias, no significa otra cosa que detenerse en su opacidad.
Los usos determinan el pensar.Muchos usos de la ciencia psiquiátrica de frontera no son ajenos.Se han gestadoen otras realidades, responden a distintos desafíos.Su impronta en el lenguaje nos obliga a veces a decir lo que no queremos, o a querer, lo que no decimos.Espera, en embrión, una psiquiatría latinoamericana que no sea simple recuerdo ni tampoco soberbia ignorancia y pintoresco localismo.Esa “ciencia solitaria”no se basará en la negación de sí ni en negación de otras.Debe basarse sobre un diálogo de permanente reconstrucción.Para hacerla, es fundamental detenerse en el discurso, que la expresa y constituye.




El concepto de enfermedad mental


La teoría de la enfermedad mental es científicamente imprecisa y su estatuto esta aún por definirse. La psiquiatría como institución represora es incompatible con los principios de una sociedad democráticay libre, y debe ser abolida. Al negar la validez científica de la teoría de la enfermedad no se esta negando la realidad de las enfermedades neurológicas, la locura, el crimen, el consumo de drogas y los conflictos sociales.
El concepto de enfermedad mental tuvo su utilidad histórica pero en la actualidad, es científica médica y jurídicamente inapropiado, así como moral y políticamente incorrecto por las razones que veremos en este artículo.

El mito de la 'enfermedad mental' y la fabricación de la locura.


En 1961, Thomas Szasz, médico psiquiatra, psicoanalista yactualmente Profesor Emérito de la Universidad del Estado de New York, publicóEl mito de la enfermedad mental, que inició un debate mundial sobre los denominados trastornos mentales. Szasz anota que la mente no es unórgano anatómico como el corazón o el hígado;por lo tanto, no puede haber, literalmente hablando, enfermedad mental. Cuando hablamos de enfermedad mental estamos hablando en sentido figurado, como cuando alguien declara que la economía del país está enferma. Los diagnósticos psiquiátricos son etiquetas estigmatizadoras aplicadas a personas cuyas conductas molestan o ofenden a la sociedad. Si no hay enfermedad mental, tampoco puede haber hospitalización o tratamiento para ella.Desde luego, las personas pueden cambiar de comportamiento, y si el cambio va en la dirección aprobada por la sociedad es llamado cura o recuperación.
Así pues,lo que la gente llama enfermedad mental como tal, no existe.Lo que hay son conductas, conductas anormales. Enfermedades son cosas como el cáncer y la hipertensión, por ejemplo.
En la mayoría de las así llamadas enfermedades mentales, no hay un correlato orgánico, una lesión neurológica, un trastorno químico, no hay un gen de la locura.; salvo en situaciones excepcionales como la depresión endógena, donde hay un problema a nivel de neurotransmisores (serotonina), pero si es una enfermedad es una como cualquier otra, no constituye una categoría aparte, ella -como cualquier otra- puede ser medicada, lo que es distinto a ser sedada, mantener en un estado de semi-inconsciencia; y si puede ser tratada aún cuando sea crónica, como la diabetes, no se justifica que existan Hospitales especiales -segregados- como el Psiquiátrico, la Clínica, etc., la locura no es contagiosa.
Existen diferencias político-religiosas entre ayudar a alguien con su consentimiento y tratar a alguien con drogas a la fuerza. El psiquiatra dice que el paciente está enfermo y que está sufriendo, mientras el enfermo pide que lo dejen en paz.
Thomas Szasz dirigepues el combate contra los internamientos psiquiátricos- señala, como se ha anotado que la enfermedad mental no existe y que los “locos” tratan de decirnos cosas incómodas, lo que no queremos oír. La sociedad cuenta con los psiquiatras para silenciarlos. Esta conspiración de silencio es lo que denuncia Szasz. Lo que se denomina 'enfermedades mentales' son los comportamientos de individuos que nos perturban. Laesencia de la locura es el disturbio social y el tratamiento que se aplica a aquellos que la “padecen” se asimila al de un cargo político en el marco de un Estado totalitario, el de disidencia. Así la psiquiatría es también un emplazamiento de lo que se ha dado en denominar el Estado Terapéutico, caracterizado por una excesiva sociedad excesivamente medicalizada y una cultura que tiene como correlato el crecimiento desmedido de la industria farmacéutica y sus obscenas ganancias, llegandoa constituir una de lasáreas de actividad económica más rentables y pujantes.
Si la esquizofrenia es una enfermedad del cerebro como, digamos, la enfermedad de Parkinson, o la enfermedad de Alzheimer, o la esclerosis múltiple, ¿cómo es que en muchos países hay leyes especiales de salud mental que obligan al internamiento o al tratamiento forzado de los llamados esquizofrénicos? Pero se sabe que nohay leyes especiales para el tratamiento coercitivo de las pacientes con Parkinson, Alzheimer y esclerosis múltiple.
Al señalar que la esquizofrenia es parte del mito moderno de la enfermedad mental, no se intenta negar la existencia de la locura. De hecho, la locura abunda dentro y fuera de los manicomios (ahora llamados hospitales mentales). Lo que estoy cuestionando es la veracidad científica de categorizarlay tratarla como una enfermedad legítima tan curable como una apendicitis o una neumonía. La locura, en su sentido clásico y literario, es más bien un asunto personal (anormalidad) o político (desacato o disidencia).
La Psiquiatría Institucional comprende todas las intervenciones impuestas a las personas por los demás. Estas intervenciones se caracterizan por la completa pérdida, por parte del denominado paciente, del control de la relación con elpsiquiatra.Su aspecto económico más importante es que el psiquiatra es un empleado pagado por una entidad privada o pública. Su característica social más destacada es el uso de la fuerza o del engaño.
Ahora bien, Szasz no es el único, pero ha sido uno de los primeros en denunciar la represión de la locura con su cortejo de camisas de fuerza, encierros, electroshocks, lobotomías y embrutecimientos químicos. Michel Foucault lo hizo en Francia con su célebre Historia de la locura, y Ronald Laing prosigue un combate parecido en Gran Bretaña. “Estoy al lado de Foucault -dice- en cuanto a denunciar la opresión psiquiátrica, pero me separo totalmente de él en el análisis y las soluciones.”Foucault veía en los asilos un instrumento de represión de la burguesía contra las “clases peligrosas”. Esto eshistóricamente falso, señala Szasz. Los primeros asilos fueron creados en Gran Bretaña por la aristocracia para impedir que sus miembros “desviados” disiparan su fortuna. El diagnostico de locura ha sido, y sigue siendo, un medio para desembarazarse de los que molestan. El loco es el que perturba, cuestiona, acusa. La locura no puede, por otra parte, ser definida con ningún criterio objetivo.
Tomemos la esquizofrenia: es el diagnóstico de “locura” más corriente. Los psiquiatras tratan de hacernos creer que existe con el mismo título que el cáncer o una úlcera. En la mayoría de casos, lo que se llama esquizofrenia no se corresponde con ningún desarreglo orgánico. Debe dejarse de afirmar que, detrás de cada pensamiento torcido, hay una neurona torcida. Si éste fuera el caso, precisa Szasz, habría que tratar la esquizofrenia como cualquier otra. Otros exigían medidas más drásticas, especialmente los paladines de lo que se llamó “movimiento antipsiquiátrico”, el cual tuvo mucho reconocimiento en las décadas de 1960 y 1970.Sus principios eran variados y controvertidos: la enfermedad mental no era una realidad objetiva de comportamiento o bioquímica sino una etiqueta negativa o una estrategia para lidiar con un mundo loco; la locura tenía su propia verdad y la psicosis, en tanto que proceso de curación, no debería ser suprimida farmacológicamente.
No existe siquiera un método objetivo para describir o dar a conocer los descubrimientos clínicos sin recurrir a la interpretación subjetiva y tampoco se cuenta con una terminología uniforme y precisa que comunique exactamente lo mismo a todos.Por consiguiente, se tienen profundas divergencias en el diagnóstico, hay un influjo continuo de nuevos términos y una nomenclatura que no deja de cambiar, así como un exceso de hipótesis que tienden a ser presentadas como hechos.Además, la etiología sigue siendo especulativa, la patogénesis sumamente oscura, las clasificaciones predominantemente sintomáticas y, por tal, arbitrarias o posiblemente efímeras; el tratamiento físico es empírico y está sujeto a modas mientras que la psicoterapia se halla aún en pañales y suele ser doctrinaria e ideológica.

Antipsiquiatría y derecho.


La psiquiatrización del crimen y la humanización de la pena.
Esta psiquiatrización del crimen ha dado origen al mito del paciente mental peligroso: con bastante frecuencia los medios masivos de comunicación informan sobre un crimen alque, enseguida y tras la entrevista a un psiquiatra o psicólogo, se le endilga el calificativo de trastorno mental. Aunque no hay ninguna evidencia de que los llamados pacientes psiquiátricos son más peligrosos que los normales (la situación actual apunta más bien a todo lo contrario), el mito del paciente mental peligroso se resiste a morir.
El consumo de drogas legales e ilegales. Aunque la humanidad ha usado (y abusado de) drogas tales como el alcohol, la coca, la marihuana, el opio y sus derivados, y el tabaco durante siglos, el llamado problema de la droga, o drogadicción, o farmacodependencia, o abuso de drogasfue una creación del siglo XX con la promulgación de las primeras leyes antidrogas , y la inclusión del uso de ciertas drogas en la lista oficial de trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana. Hasta ese entonces, no teníamos el llamado problema de la droga, ni la palabra drogadicción tenía la connotación peyorativa que hoy tiene.
Décadas más tarde, la guerra antidrogas, supuestamente ejecutada para erradicar el consumo, es llevada a cabo con tanta insensatez y ferocidad que sus terribles consecuencias (un ambientede persecución inquisitorial,criminalidad, corrupción, daño ecológico y toxicidad agregada por la impureza) han terminado por afectar a toda la sociedad.
La historia de la ciencia está llena de teorías y modelos que fueron descartados una vez que se lograron avances que permitieron un conocimiento preciso de los fenómenos. No veo por qué no va a ocurrir lo mismo con la teoría de la enfermedad mental. Nos corresponde a los científicos la responsabilidad social derevisar crítica y constantemente el estado de nuestros conocimientos para asíponernos al día en nuestra labor.
La teoría de la enfermedad mental tuvo, pues,su utilidad histórica hasta el siglo pasado pero es, en la actualidad, científica y médicamente anticuada pues permite diagnosticar y tratar comoenfermos mentales a pacientes con enfermedades cerebrales o de otro tipo que cursan con trastornos involuntarios de conducta; y es moral y políticamente dañina porque se ha vuelto una cortina de humo para toda una serie de problemas económicos, existenciales, morales y políticos que, estrictamente hablando, no requieren terapias médicas sino alternativas económicas, existenciales, morales y políticas.
En Gran Bretaña el líder de la antipsiquiatría fue el igualmente carismático Ronald Laing (1027-1989), un psiquiatra de Glasgow inspirado por la filosofía existencialista de Sartre. Éste advierte, con un aforismo típico, que “la locura no es necesariamente sólo colapso sino también descubrimiento.Es una liberación potencial y una renovación lo mismo que esclavitud y muerte existencial”.En 1965 fundó el Kingsley Hall, una comunidad (se evitaba el término “hospital”) en un barrio obrero al este de Londres donde los residentes y los psiquiatras vivían bajo el mismo techo, estos últimos estaban allí para “ayudar” a los pacientes a superar las largas regresiones que caracterizan a la esquizofrenia.Laing fue un brillante escritor que se granjeó un circulo de seguidores durante el tiempo de la contracultura y las protestas estudiantiles contra la guerra de Vietnam.Películas como Family Life (1971) y Atrapado sin salida (One Flew Over the Cuckoo's Nest, 1975) suscitaron opiniones en contra de los asilos crueles y el papel policíaco y normativo de la psiquiatría.
Se ha hablado de una “fabricación de locura” para designar aquella prácticaque consisteen asignar etiquetas psiquiátricas -rotular- a personas que son extrañas, que plantean un desafío o que representan una supuesta plaga social.En este desenfreno estigmatizador, los psiquiatras orgánicos no son menos culpables que Freud y sus seguidores, cuya invención del inconsciente -según alega Szasz- prestó nuevos bríos a difuntas metafísicas de la mente y teologías del alma.
La antipsiquiatría, asociada fundamentalmente con políticas de izquierda, reclamaba la desinstitucionalización de las prácticas psiquiátricas.Al mismo tiempo y desde un ángulo totalmente diferente, los políticos de la extrema derecha, incluyendo a Ronald Reagan en los Estados Unidos y Margaret Tatcher en el Reino Unido, dieron su apoyo a la “asistencia comunitaria” ya que se oponían a la idea de un Estado benefactor y les interesaba eliminar esas costosas camas de los hospitales psiquiátricos. Enfermedad, y no hacer de los enfermos mentales una categoría aparte, a los que se encierra y se cuida de manera imperativa.

El psiquiatra es el inquisidor del siglo XX


“Para comprender el papel de la enfermedad mental en nuestra sociedad, conviene saber que nos encontramos en presencia de un fenómeno religioso, no científico.” El diagnóstico de “locura”, añade Szasz, ha sucedido, en nuestra civilización occidental, a la “posesión”. La bruja, los poseídos, molestaban, y eran, por tanto, eliminados por los inquisidores en nombre de la verdadera fe. Hoy, los psiquiatras son los nuevos inquisidores, y proceden a una eliminación semejante, pero ahora en nombre de la “verdadera” ciencia. Antaño se creía en la religión; hoy en la ciencia.
Una prueba adicional, según Szasz, del carácter pseudo-científico de la enfermedad mental es la evolución de los diagnósticos según las costumbres y las variantes culturales. A fines del siglo XIX, los psiquiatras trataban sobre todo a los histéricos y epilépticos. La histérica, como la bruja de la Edad Media, era generalmente una joven. De hecho, explica Szasz, la histeria no es otra cosa que una categoría verbal inventada por Charcot, el maestro de Freud, para medicalizar los conflictos que surgen entre las mujeres jóvenes y su entorno. Hoy, la histeriaha desaparecido prácticamente -y sin tratamiento-, comodiagnóstico a caído en desuso. Ha sido reemplazada por la esquizofrenia y la paranoia. La conclusión de Szasz es que “lo que nos molesta ha evolucionado”. Ahora bien, los pretendidos enfermos mentales buscan precisamente incomodarnos: “La enfermedad mental es la mayoría de las veces una representación destinada al público.” La esencia de la locura es el disturbio social. Pero los “locos” hacen algo más que molestarnos. A pesar suyo, nos prestan también eminentes servicios. El concepto de “enfermedad mental” nos permite acomodar comportamientos que nos cuesta aceptar que puedan ser normales y ello porque atentan contra nuestro narcisismo primario. Conductas como, por ejemplo, el “crimen”. Hoy “los criminales ya no son ejecutados; sino son tratados” , este es uno de los alegatos de la antipsiquiatría.
El concepto de “enfermedad mental” puede llegar a ser útil, -para gente interesada-/ nos presta eminentes servicios.El concepto de “enfermedad mental” nos permite acomodar comportamientos que nos cuesta aceptar que puedan ser normales.Por ejemplo, el “crimen”.
Un ejemplo: En el estado de Florida, un condenado a muerte no puede ser ejecutado porque los psiquiatras de la prisión lo encuentran demasiado loco para sufrir su pena ¿Hay que curarle, para poder ejecutarlo? pregunta Szasz
Los criminales ya no son ejecutados, sino que so tratados. La gente busca la enfermedad mental o la locura detrás del crimen; pero en la mayoría de los casos el criminal es normal y lo bastante inteligente para hacer crímenes complejos.
¿Por qué no aceptar que en el hombre hay, como dirá Freud, pulsiones Thanaticas; destructivas y autodestructivas; y que puede ser un animal asesino. La resistencia a reconocer todo esto responde a nuestro narcisismo primario, como a la excesiva medicalización de nuestra sociedad, la que ha conducido a considerar la apelación a la locura como un atenuante en lo que se ha dado en llamar la humanización de la pena.
Pero lo cierto es que en la historia han existido muchos asesinos y nadie ha dicho que eran “enfermos”, nadie dijo que Caín estaba enfermo cuando mató a Abel.Hitler que mató a millones de judíos, era de hecho un personaje popular, el líder de Alemania, aclamado en los mítines;después, mucho más tarde, se dijo que estaba loco; lo cual vendría a ser un atenuante para tanta atrocidad.
A este respecto consideremos el caso de un condenado a muerte, en Florida, no puede ser ejecutado porque los psiquiatras de la prisión lo encuentran demasiado loco para sufrir su pena. ¿Hay que curarle, para poder ejecutarlo?, pregunta Szasz.El tribunal Supremo de los Estados Unidos tiene la palabra.
Pero ¿por qué se obstina hoy la gente en buscar la enfermedad mental detrás del crimen?¿Es por humanidad?Todo lo contrario, responde Szasz.Si reconocemos que un hombre es capaz decometer a sabiendas un crimen espantoso, es porque la naturaleza humana puede ser absolutamente malvada.Y ocurre que lo que deseamos es que la naturaleza humana sea buena.No queremos admitir que el libre albedrío pueda conducir al crimen.Por tanto, el crimen no debe ser el resultado del libre albedrío, sino el de la enfermedad mental.
Hasta el siglo XVIII, el Mal era interpretado como una posesión por el diablo.Hoy, el Mal es necesariamente el signo de un trastorno genético y químico,Todo esto, según Szasz, tiene relación con el pensamiento mítico, no con la ciencia.Por otra parte, añade, si verdaderamente el comportamiento puede analizarse a partir de la observación del cerebro, ¿por qué no tratamos de averiguar las causas químicas de una buena acción, y nos interesamos sólo por las malas?“En realidad, la mayor parte de los criminales es normal, e incluso suficientemente inteligente para llevar a cabo crímenes muy complejos.”
Una de las conclusiones de la antipsiquiatría es que nada, según el conocimiento actual del funcionamiento del cerebro, permite explicar nuestras elecciones.El libre albedrío no es un fenómeno químico o eléctrico.Es imposible leer nuestros pensamientos en el cerebro.Si bien es exacto que ciertos pensamientosdesencadenan ciertas reacciones químicas, la causa de la reacción es el pensamiento libre.
Pero, precisa Szasz, la transformación de los criminales en enfermos mentales no es más que la punta del iceberg.Es sólo la expresión caricaturesca de un profundo movimiento de medicalización de la sociedad moderna, así como de la negativa a considerar al hombre como un individuo libre y responsable.
Por tanto, el psicoanálisis, como la psiquiatría, sólo serviría para negar el libre albedrío y para disminuir la responsabilidad individual.¿Por ejemplo?Los ladrones, explica Szasz, eran antaño considerados responsable de sus actos, y castigados como tales.Pero a partir del momento en que el ladrón se convierte en un “cleptómano”, ya no es responsable del robo; es “operado” desde el exterior por pulsiones que escapan a su voluntad y que él ignora.Este razonamiento se aplica actualmente al incendiario, que se ha transformado en un pirómano, al violador, al jugador, al juerguista o al fumador.La ilustración más reciente citada por Szasz es la del fumador inveterado que, ante los tribunales, acaba de obtener indemnización económica de un fabricante de cigarrillos americano. La agresiva publicidad del fabricante le habría incitado inconscientemente a fumar y arruinar su salud.





Ahora bien, las intervenciones psiquiátricas deben ser definidas con claridad como voluntarias o involuntarias (este es un criterio de demarcación con una importancia política, ética y religiosa). En las voluntarias, la persona busca la ayuda del profesional movida por sus problemas. Típicamente,el individuo es un beneficiario de la intervención del psiquiatra. En las involuntarias, la sociedad impone la intervención. Típicamente, el individuo es una víctima de la acción del psiquiatra, en tanto que la sociedad (la familia) es la beneficiaria. La psiquiatría involuntaria es incompatible con los principios de una sociedad democrática y libre, y debe ser abolida.
En 1970, Szasz publicó La fabricación de la locura: Estudio comparado de la Inquisición y el Movimiento de la Salud Mental, un monumental estudio histórico dedicado a demostrar que-con el declinar de la cosmovisión teológica y del poder delEstado Teocrático(la alianza del Estado y la Religión), y el ascenso de la cosmovisión científica y del poder delEstadoTerapéutico(la alianza delEstado y la Medicina y, en particular, la Psiquiatría-, el mito teológico de la herejía fue remplazado por el mito científico de la enfermedad mental, la persecución de brujas y herejes por la persecución de pacientes mentales y drogadictos, y la poderosa burocracia papal de la Inquisición por la poderosa burocracia estatal de la Psiquiatría Institucional.
En esta obra, que dio inicio a la nueva disciplina de la historia crítica de la psiquiatría (junto con la Historia de la locura en la Era Clásica, de Michel Foucault), Szasz define también los dos tipos de psiquiatría: la institucional y la contractual.
La Psiquiatría Institucional comprende todas las intervenciones impuestas a las personas por los demás. Estas intervenciones se caracterizan por la completa pérdida, por parte del denominado paciente, del control de la relación con elpsiquiatra.Su aspecto económico más importante es que el psiquiatra es un empleado pagado por una entidad privada o pública. Su característica social más destacada es el uso de la fuerza o del engaño.
La Psiquiatría Contractual comprende todas las intervenciones psiquiátricas buscadas por las personas, motivadas por sus dificultades o problemas. Estas intervenciones se caracterizan por la completa retención, por parte del llamado paciente, del control de la relación con el psiquiatra. Su aspecto económico más importante es que el psiquiatra es un profesional privado pagado por la propia persona (en nuestros días, la situación se complica por la existencia de los seguros médicos). Su característica social más notoria es la evitación de la coacción o del engaño.
Al señalar que la esquizofrenia es parte del mito moderno de la enfermedad mental, tampoco se está negando la existencia de la locura. De hecho, la locura abunda dentro y fuera de los manicomios( ahora llamados hospitales mentales). Lo que estoy cuestionando es la veracidad científica de categorizarlay tratarla como una enfermedad legítima tan curable como una apendicitis o una neumonía. La locura, en su sentido clásico y literario, es más bien un asunto personal (locura individual) o político (locura colectiva).
El concepto psiquiátrico del crimen surgió en elsiglo XX con la publicación de El criminal, el juez y el público (1929), de F. Alexander y H. Staub. Para estos autores, había dos clases de criminales: el normal y el anormal. Para el normal la penalidad tradicional era suficiente, en tanto que, para el anormal, Alexander y Staub recomendaban la abolición de los castigos y la implantación de tratamientos psiquiátricos.
Es importante tener en cuenta que esta tesis nació en la época del ascenso al poder de las ideologías totalitarias de la Italia fascista, la Alemania nazi y la Unión Soviética comunista, en las que los psiquiatras estaban dispuestos a cooperar con gobiernos dictatoriales en la represión de los ciudadanos.
Por su parte, Thomas Szasz, desde la publicación de El derecho, la libertad y la psiquiatría (1963), ha advertido que la PsiquiatríaInstitucional se ha convertido en una agencia represiva de control social.

Las metáforas de la enfermedad.


¿Qué entendemos por enfermedad mental?
Esta psiquiatrización del crimen ha dado origen al mito del paciente mental peligroso: con bastante frecuencia los medios masivos de comunicación informan sobre un crimen alque, enseguida y tras la entrevista a un psiquiatra o psicólogo, se le endilga el calificativo de trastorno mental. Aunque no hay ninguna evidencia de que los llamados pacientes psiquiátricos son más peligrosos que los normales (la situación actual apunta más bien a todo lo contrario), el mito del paciente mental peligroso se resiste a morir.
Por último, cuando seguimos hablando de trastornos mentales, tenemos en mente otro tipos de hechos: los conflictos personales e interpersonales tales como la angustia, la ambición, las dificultades o desviaciones sexuales, la desavenencias familiares, las fobias, las inhibiciones y demás problemas propios de la fragilidad humana. Se piensa entonces que la vida es armónica y que los conflictos son causados por psicopatologías subyacentes que es preciso curar para ser felices. Esta es la versión pseudocientífica actual de la psiquiatría y la psicología clínica convencionales. No obstante, parece más realista aceptar que la vida es, en sí, una ardua construcción, y que lo que llamamos salud mental es-con más propiedad- la virtud o sanidad espiritual, la que no se logra mediante un arduo y tortuoso camino de aprendizaje, sino más bien con aquella higiene del alma que es la fe, la cual opera mediante la renovación del espíritu de nuestra mente.
La historia de la ciencia está llena de teorías y modelos que fueron descartados una vez que se lograron avances que permitieron un conocimiento preciso de los fenómenos. No hay razón para pensar que no va a ocurrir lo mismo con la teoría de la enfermedad mental. Aquí cabe una gran responsabilidad social y espiritual a los científicos y profesionales médicos, a saber, la de revisar su concepción del hombre para promover no sólo estilos de vida y de pensar saludables, sino también de aspirar a una salud integral que abarque al hombre interior y exterior, aquello que desde el entronque de la antropología hebrea y la moderna medicina psicosomática aparece como el verdadero ser del hombre,su unidad psico-biológica indisociable.
La teoría de la enfermedad mental tuvo, pues, su utilidad histórica hasta el siglo pasado pero en la actualidad se encuentra científica y médicamente desfasada pues arriesga diagnosticar y tratar como enfermos mentales a pacientes con enfermedades cerebrales o de otro tipo que padecen trastornos involuntarios de conducta; y es moral y políticamente nociva porque ha pretendido ser explicación de la infelicidad humana, cuyas manifestaciones fenoménicas pueden aparecer -biográficamente- bajo la forma de problemas económicos, existenciales, morales o políticos, pero que, estrictamente hablando, no requieren terapias médicas ni sólo alternativas económicas o políticas, sino una respuesta a la radical separatividad humana , a nuestra tristeza de no ser santos.


Adolfo Vásquez Rocca

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Bibliografía adicional


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- Sayer, Derek, Capitalismo y modernidad. Una lectura de Marx y Weber, Bs.As., Losada, 1995.
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Adolfo Vásquez Rocca.
Doctor en Filosofía
Instituto de Filosofía, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso – Universidad Complutense de Madrid.



[1] Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización Antropología y Estética.Profesor del Programa de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología -Escuela de Psicología PUCV, Profesorde Antropología Filosófica en la Escuela de Medicina de la UNAB. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/; Secretario Ejecutivo de Philosophica-Revista del Instituto de Filosofía de la PUCV- http://www.philosophica.ucv.cl/editorial.htm, Editor Asociado de Psikeba, Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires http://www.psikeba.com.ar/. Miembro del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.


Autor Adolfo Vásquez Rocca
Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de UNAB. Asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de Revista Observaciones Filosóficas. Más >>
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La "Fundación Hombre y Mundo" * de México, junto con la Universidad Veracruzana, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Autónoma de Tlaxcala han organizado los siguientes Congresos y Ciclos de Conferencias en tono a la Estética y el compromiso de la Filosofía con el presente.
Conferencias Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso - Universidad Complutense de Madrid








PSIKEBA Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales © 2006 - Directora: Lic. Rosa Aksenchuk - Editor Asociado: Adolfo Vásquez Rocca




La antipsiquiatría vive



Autor: Enrique Galán SantamaríaFecha publicación: 23.08.2006Sección: (id: ) -->


Modelos de locuraJ. Read, L.R. Mosher y R.P. Bentall.Traducción de N. Cañete, M.Bonell y A. Martínez. Herder, Ed. Barcelona, 2006. 450 páginas. 45 €


Entrada la década de 1960, unos cuantos psiquiatras e historiadores de la medicina publicaron una serie de libros que desentrañaban el discurso ideológico subyacente a la psiquiatría y criticaban su práctica, que en esos momentos empezaba a sustentarse en la prescripción de los psicofármacos descubiertos en los primeros años de la década anterior. Esta antipsiquiatría, como fue denominada, quedó eclipsada en la década de 1980 al hundirse, hasta casi desaparecer, la actitud libertaria en el pensamiento político de Occidente.
Sus autores, tras un momento de gloria, están hoy prácticamente olvidados y muchos de ellos han muerto. En Inglaterra, fueron R. Laing, D. Cooper y J. Berke quienes, desde una psiquiatría que aunaba el existencialismo y el psicoanálisis con un vago trasfondo de marxismo, desarrollaron la comunidad terapéutica londinense de Kingsley Hall, un lugar para que el psicótico, esa persona desesperada hasta lo inconcebible, recuperara su libertad en vez de perderla definitivamente en manos de la psiquiatría biológica, con su cruel planteamiento nihilista y sus invalidantes instrumentos físicos y químicos. En Italia, F. Basaglia lideró una transformación psiquiátrica institucional de amplia resonancia, que tuvo efectos concretos en la psiquiatría pública de otros países, entre ellos el nuestro. En Francia, las investigaciones de M. Foucault señalaron qué poder se vehiculaba en el trato dado al loco en la historia occidental, contextualizando así todo tratamiento, fuera médico o psicológico. En Norteamérica, Th. Szasz, el único superviviente de los pioneros, ha mostrado la falacia básica de la psiquiatría e, incluso, de toda psicoterapia. Muchos otros investigadores seguirían esas sendas hasta hoy.
Todos estos autores consideran que la locura no es una enfermedad mental sino un penoso estado personal que causa problemas a quien lo padece y a sus prójimos. Si bien es cierto que por sus llamativas características y sus efectos podemos considerar la locura algo patológico, también lo es que no se puede hablar de enfermedad si no hay ninguna alteración orgánica que de fe de esos estados. Pues bien, a pesar del trabajo realizado por la psiquiatría biológica inaugurada por W. Griesinger mediado el siglo XIX, cuya máxima reza que las enfermedades mentales son enfermedades del cerebro, no se ha ofrecido correctamente hasta ahora ningún dato experimental o clínico que verifique esa hipótesis.
Sin embargo, la consciencia colectiva de nuestros días, tan determinada por los media, da por hecho que hay enfermedades mentales y que está suficientemente probada su naturaleza funcional, cuando no estructural, patológica. Tratada como una enfermedad orgánica, la locura, en su gradación de neurosis (leves) a psicosis (graves), exige remedios médicos, sean farmacológicos o quirúrgicos, y una poderosa industria está dispuesta a proporcionarlos.
Este libro, publicado originalmente en 2004, demuestra la inconsistencia de este tópico y revela su proceso de constitución. Veintitrés autores de seis países han escrito los veinticuatro capítulos que pasan revista al estado de la cuestión, centrándose en la estrella de las psicosis, la "esquizofrenia", "símbolo sagrado de la psiquiatría", como dijera Szasz. Los editores de esta compilación son dos directores de departamentos universitarios de psicología clínica y experimental, en compañía del psiquiatra que diseñó y dirigió el proyecto Soteria de San Diego. Se trata del australiano J. Read, de la Universidad de Auckland, el inglés R. Bentall, de la de Manchester, y del norteamericano L. Mosher, profesor en Yale y Bethesda, recientemente fallecido y a quien está dedicado este libro "que revisa el contexto histórico, económico y político en el que una ideología biogenética tan simplista ha podido alcanzar una hegemonía tan perjudicial".
El libro desarrolla este programa a lo largo de sus más de cuatrocientas páginas, divididas en tres grandes bloques. El primero trata de la constitución y uso del concepto de esquizofrenia, subrayando su endeble categorización científica. Señala la falta de fundamentación de los estudios médicos -epidemiológicos, bioquímicos, anatómicos, genéticos- que lo justifican. Desmonta los mitos que enmascaran los efectos destructivos de los tratamientos farmacológicos o físicos y da noticia de las estrategias comerciales de la Big Pharma. A esta primera parte crítica le sigue otra conceptual, en la que se presenta la esquizofrenia desde una perspectiva psicosocial, más cercana al sentido común que al discurso médico, para dedicar el tercer bloque a las estrategias de trato con la locura. Esta obra es un estudio de salud pública y su ingente bibliografía está compuesta, en su mayor parte, por estudios clínicos, experimentales y epidemiológicos, manejados con un criterio estadístico, sin desatender los escritos de los fundadores del concepto de esquizofrenia y los investigadores críticos.
Son numerosos los datos que proporciona este libro, tan útil y necesario, pero sólo señalaré lo más básico, lo más urgente: la falacia del tópico referido. En primer lugar, "la 'esquizofrenia' no es una enfermedad", como reza el título del capítulo que inicia esta compilación, firmado por los tres editores. Nos hallamos ante un "concepto difuso" que cada especialista delimita a su manera, asociando arbitrariamente síntomas que pertenecen a otras categorías nosológicas y siguiendo metodologías también muy sesgadas en el tratamiento de los datos. El resultado es que no se ha obtenido un "perfil del esquizofrénico", es decir, un diagnóstico. ¿Cómo establecer entonces un tratamiento y un pronóstico?.
La industria farmacéutica transforma empero ese concepto difuso en una realidad indiscutible que hay que tratar a toda costa, en "hechos" construidos en los laboratorios, universidades y hospitales y difundidos hasta la saciedad por los medios de comunicación: (1) La "esquizofrenia" aparece con la misma frecuencia en todos los países, (2) El cerebro de los "esquizofrénicos" no es normal y (3) Existe una predisposición genética a sufrir "esquizofrenia".
La realidad es muy diferente. Pasando por alto la inconsistencia del concepto, los verdaderos hechos revelan que incidencia y prevalencia son muy variables en los distintos países y según la escala social. En cuanto a las posibles diferencias cerebrales, con todo lo discutible y multifactorial de cualquier comparación, dada la individualidad de cada cerebro, la única evidencia es que los daños cerebrales y neurológicos son consecutivos al uso de neurolépticos y electrochoques: "una de las cosas que puede afectar a los cerebros de los esquizofrénicos son los tratamientos que reciben". En cuanto a la genética, "la creencia de que los estudios con gemelos e individuos adoptados han sentado la base genética de la esquizofrenia es errónea, [y…] hasta la fecha, los estudios de genética molecular no han conseguido encontrar los genes de la esquizofrenia".
Así pues, un concepto difuso sin verificación orgánica como la "esquizofrenia" es "utilizado para explicar [y medicalizar] una gran variedad de conductas inadmisibles o angustiosas". Si bien la mayor parte de los tratamientos físicos anteriores a la era de los psicofármacos han sido arrumbados, aún se sigue utilizando el electrochoque y los fármacos que en la década de 1950 abrieron la brecha -anestésicos modificados- han dado lugar a una muy amplia progenie en expansión.
En este libro se desmontan los mitos que giran alrededor de los psicofármacos, refiriéndose específicamente a los neurolépticos (antipsicóticos): "(1) Los antipsicóticos sólo se prescriben a un número reducido de personas, casi todas psicóticas. (2) Los antipsicóticos permiten la atención no hospitalaria a ancianos y discapacitados. (3) Los antipsicóticos son más eficaces que el placebo. (4) Los efectos terapéuticos compensan los efectos adversos".
Una vez más, estos "hechos" se ven contradichos por los hechos. En la actualidad, todo tipo de psicofármacos se están prescribiendo en medicina general y se recetan rutinariamente neurolépticos a niños y personas de edad, incluso preventivamente. Baste un dato: "Entre 1990 y 2000 los gastos en antidepresivos se incrementaron un 800% y en neurolépticos un 600%" , sólo en Estados Unidos. En segundo lugar han aumentado las hospitalizaciones psiquiátricas y crece el número de residencias de ancianos. En cuanto a su eficacia milagrosa para hacer desaparecer el sufrimiento, lo que consiguen los antipsicóticos es desregular la dinámica dopaminérgica produciendo efectos anticolinérgicos y extrapiramidales, con sus correlatos psíquicos -disociación, depresión, amnesia, enlentecimiento mental- y sus secuelas físicas -problemas digestivos, circulatorios, discinesia, Parkinson, demencia, deficiencia neurológica- entre otros, sin olvidar la grave drogadicción que implican. Los nuevos antipsicóticos, denominados "atípicos", son aún más peligrosos y más caros. Por supuesto, los mismos laboratorios que produjeron y comercializaron los antiguos aceptan ahora la existencia de tan graves secuelas, entonces negadas, que precisamente evitarían los nuevos.
El peor efecto, sin embargo, es moral: "recetar un medicamento refuerza la idea de sufrir una enfermedad, [y así…] la idea de que los problemas que uno sufre pueden estar relacionados con la propia experiencia vital o con las circunstancias actuales tiende a desaparecer en cuanto se adopta el mensaje médico que acompaña a la píldora". Esa irresponsabilización del sujeto respecto a sus problemas le resta autonomía y libertad, agravando el mal del loco.
Ahora bien, que el discurso biológico de la esquizofrenia no esté fundamentado sólo significa que la locura no se soluciona con medicación y que un enfoque médico dificulta su comprensión, encubriendo las causas, multifactoriales. Los aspectos psicológicos, familiares y sociales están en primer plano, y son de sentido común en un tiempo tan psicológico como el nuestro. Las múltiples formas del maltrato y el engaño, tanto en el ámbito familiar y próximo como en el económico y político, explican toda psicosis. Puede decirse que la psicosis es una estrategia defensiva.
Según entendamos la locura así serán las maneras de enfrentarla o tratarla. En este libro se pasa revista a los tratamientos psicosociales y se da fe de su efectividad con estadísticas en la mano. Las terapias dinámicas, cognitivas y sistémicas son las elegidas dentro del ámbito profesional, sin olvidar la efectividad terapéutica de los grupos de afectados, con las redes de acompañamiento que promueven. La síntesis de estos planteamientos son las comunidades terapéuticas, como Kingsley Hall (1964-72), la pionera, Soteria California (1971-83), Soteria Berna (1984- ), Turku (1967- ) -convertida en la norma del tratamiento de las psicosis en Finlandia- o el proyecto API (1992- ), de las que da noticia este libro. Entre otros efectos positivos, estos tratamientos psicosociales al menos "evitan las enfermedades neurológicas irreversibles inducidas por los neurolépticos".
En el prólogo, D. Rowe señala que "el sufrimiento de las personas que padecen dichos trastornos no proviene sólo de las circunstancias de la vida, sino también del sistema psiquiátrico que teóricamente debería aliviarlo". Como indica el título de esta reseña, la antipsiquiatría está viva.
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Contra los manicomios



Un integrante del Movimiento Social de Desmanicomialización y Transformación de las Instituciones ofrece ideas, preguntas e informaciones para un debate público sobre la salud mental en Buenos Aires y en la Argentina.


Por Armando Bauleo *


El 29 de diciembre de 2005, el Movimiento Social de Desmanicomialización y Transformación de las Instituciones convocó a un debate público sobre las problemáticas que salieron a la luz a partir de circunstancias, que laceran la dignidad de las personas, ocurridas en el Hospital Moyano de la ciudad de Buenos Aires. El debate se realizó gracias al apoyo y hospitalidad que brindó la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, en cuyas aulas pudimos comenzar a exponer las cuestiones que incumben al proceso de desmanicomialización. Se sumó al debate la presencia de Pablo Berrettoni, interventor en el Moyano y director de Salud Mental del gobierno de la ciudad.
Debemos entender que la desmanicomialización y el establecimiento de una red de atención no es una acción contra edificios y organigramas, sino que involucra otra concepción del proceso de enfermarse y del tipo de tratamiento que efectuamos para acompañar al sujeto en la disminución de su sufrimiento mental. La red de atención –que vendría a liquidar un modelo de asistencia en salud mental supeditado a una vigilancia ejercida por los manicomios– consta de ambulatorios, centros de crisis, salas de internación en los hospitales generales, comunidades terapéuticas, hospitales de día, albergues nocturnos, casas de medio camino, alojamientos para ex pacientes (que, por lo tanto, son ahora ciudadanos: han recuperado una ciudadanía que nunca debieron perder).
Es por ello que esperamos que la intervención al Hospital Moyano no se reduzca a un acto que se agote en sí mismo: debería ser el comienzo de un proceso que se desenvuelva en un lapso adecuado, que no puede ser el tiempo de lo inmediato pero tampoco la eternidad burocrática.
En el debate que así empezó el 29 de diciembre se señaló que la figura de la descomanicomialización, lejos de haberse diseñado ahora, viene atravesando el horizonte sociopolítico asistencial en salud mental desde hace mucho tiempo. Hubo personas que actuaron, hubo acciones que se efectuaron como tentativas de atenuar los horrores de la manicomialización. En último caso, procuraban mitigar la internalización en los sujetos de conductas asilares, que transforman a los individuos en rígidos estereotipos para que puedan sobrevivir en situaciones penosas sin “protestar”.
En la Argentina, esas tentativas comenzaron hacia la mitad del siglo XX. Después, la dictadura y el menemismo, con sus aberraciones y corrupciones, aplicaron al país la fórmula denunciada por Foucault: Institución Total = Prisión = Escuela = Manicomio. Algunos conciudadanos se aprovecharon largamente de esa fórmula.
Entre ambos mandatos degenerados, en un instante de posibles movimientos, arriban a nuestro país la red alternativa y la antipsiquiatría (Castel, Guattari, Rotelli, Cooper, etcétera), a la vez que, con mayor o menor fortuna, se producen diversas situaciones antimanicomiales en diferentes regiones de nuestro territorio.
Poco a poco, en lugares dispares, casi en aislamiento, con un mínimo de comunicación entre ellos, grupos diversos abordan esta temática. Se producen búsquedas, se generan opiniones, interrogaciones, señalamientos, que quedaron como ideas flotantes en un mar de insensatez política. A la discusión actual subyace un debate que quedó flotando, como esos fantasmas no elaborados que, de tanto en tanto, reaparecen para mostrar su existencia con vigor.
A principios de la década del ’90, el psiquiatra infantil Jorge Fernández Landoni organizó un grupo multiprofesional, en el que participé; el grupo incluía psiquiatras, psicólogos, forenses, jueces, psicoanalistas, para aunar criterios sobre los problemas de la institución psiquiátrica, incluidos los tópicos que corresponden a los criterios de internación o de externación. En un momento de esas reuniones, alguien preguntó con cuántas casas, locales o estructuras habitacionales que pudieran ser útiles para proceso de externación contaba la municipalidad de Buenos Aires (hoy Ciudad Autónoma). De una pequeña investigación realizada por integrantes del grupo, resultó que la municipalidad (como todos los municipios del mundo) contaba con una buena cantidad de esas estructuras; tal vez eran cientos, tal vez superaban el millar.
Nos preguntamos si sería posible que cedieran algunos de esos inmuebles –bastaban 40 o 50– para empezar a organizar la red urbana de atención; ciertos dirigentes habían manifestado una opinión favorable a la desmanicomialización. Pero la respuesta oficial que se obtuvo fue que ya estaban habitadas. Profundizando en esta respuesta, supimos que sus habitantes no eran “ocupas”, sino allegados o gente con aval de punteros políticos.
Hoy por hoy, ¿existen esos inmuebles? ¿Dónde están? ¿Quiénes los habitan? ¿A cargo de qué dependencia oficial se hallan? ¿Podría el gobierno de la ciudad proporcionar algunas de esas estructuras para empezar la construcción de la red de asistencia? Si no es así, forzosamente habría que acudir al sector privado, con las consabidas sospechas sobre la idoneidad y el manejo económico de este sector, ya que las leyes actuales lo tratan con demasiada cautela y falta de rigor.
En otra oportunidad, un colega y yo nos dirigimos al director del Hospital Borda: le propusimos que la guardia del hospital asistiera a pacientes en su domicilio, lo cual produciría una disminución en las consultas al manicomio, y a la vez permitiría enfrentar las crisis en sus lugares de emergencia, salvando así los conflictos de la internación. El director diplomáticamente nos hizo saber que esa temática no era fácil de resolver, ya que había problemas jurisdiccionales y profesionales que no presentaban rápida solución.
Fuimos así conociendo –a través de conversaciones, posiciones corporativistas y profesionales, códigos entre asociaciones y gremios, reglamentos– que las guardias sólo estaban para observar y, con buena voluntad, tratar a aquellos que malamente llegan al reservorio de pacientes. Se les da la entrada; la salida pertenece al designio de algún ser ignoto.
Es así como tenemos una buena cantidad de profesionales a la espera (no quiero decir: al acecho) de algún desdichado que llegará. Ricardo Soriano, ex director de Salud Mental de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, trató de enfrentar esta problemática creando un equipo de atención domiciliaria, lo cual bordea el punto central de la internación. Puede ser que Soriano, más sagaz, nos haya invitado a crear líneas de fuga para esquivar la confrontación con organizaciones vetustas, esperando, como dice la gente, que “se pudran solas”.
Estrategias colectivas
Cuando se dialoga sobre las posibilidades de una red de asistencia, surge la pregunta sobre la capacitación o formación del personal, es decir, de los psicólogos, enfermeros, psiquiatras, asistentes sociales, sociólogos, forenses, psicoanalistas. ¿Será que atienden de manera individualista e institucional, como lo hacen, porque no conocen una asistencia alternativa y colectiva como sería necesaria en una transformación institucional? El sector capacitación del Consejo General de Salud Mental, en estas ocasiones de debate público, debería mostrar y hacer entrar en discusión los programas de reconversión o actualización de los profesionales o, mejor dicho, de los futuros equipos multiprofesionales de asistencia. Auspiciamos que esa actualización no sea en la línea de “Psiquiatría Administrativa” que propugna Estados Unidos y que tanto entusiasma a algunos organismos nacionales e internacionales.
Es nuestro deseo que este debate público no se circunscriba a la ciudad de Buenos Aires. Esperamos participación, información y opiniones sobre lo que va ocurriendo en las diversas provincias en salud mental, que esas comunicaciones no queden ceñidas a diálogos amistosos y puedan ser incluidas como problemáticas a tratar públicamente. Intentaremos establecer estrategias colectivas.


* Integrante del Movimiento Social de Desmanicomialización y Transformación de las Instituciones. http://www.pagina12.com.ar/


viernes, 22 de junio de 2007

RADIO-ARGENTINA: Salud mental en el aire


Por Marcela Valente

BUENOS AIRES, jun (IPS) - Fue la primera radio en el mundo en transmitir desde un hospital psiquiátrico y cumple un papel clave en la reinserción de pacientes en la comunidad. Pero ahora La Colifata, que inspiró desde Argentina unas 40 experiencias similares en Europa y América Latina, se quedó sin aire financiero.

"Estamos en una situación dramática", describió a IPS el director y coordinador del proyecto, el psicólogo Alfredo Olivera. "El gobierno de la ciudad (de Buenos Aires) no nos renovó el contrato y se nos terminó el dinero. Sólo la mística de un trabajo consolidado en más de 16 años nos está permitiendo resistir", confesó apesadumbrado. Es así que, mientras el proyecto se prepara para recibir diversos premios que se otorgan a labores destacadas en medios de comunicación, hay angustia por la continuidad de un programa en el que se involucran más de 40 personas por año. La bancarrota llegó justo en vísperas de un sueño largamente acariciado que, al menos, se pudo concretar. La Colifata convocó al Primer Encuentro Mundial de Radios Realizadas por Usuarios de Salud Mental", celebrado del 29 de mayo al 2 de este mes en Buenos Aires, en el cual participaron pacientes y coordinadores de varios países. En ese marco se realizó también el concurso "Locura. La otra mirada", al cual se presentaron 34 cortometrajes sobre la forma en que la sociedad percibe la locura. El jurado estuvo integrado por 12 pacientes de distintos lugares del mundo. "Fue maravilloso y conmovedor verlos debatir los criterios para la selección", dijo Olivera. Todos los participantes del encuentro se inspiraron en La Colifata (FM 100.1), que toma el modo simpático de llamar en lunfardo a las personas con padecimientos mentales y que comenzó a funcionar en el patio del hospital José Borda en 1991, cuando Olivera era estudiante. "Cada uno hizo su camino, pero lo que tenemos en común es que los que toman la palabra son los afectados y lo que se busca es el alivio del sufrimiento", apuntó. Los pacientes "sufren por múltiples razones, una de ellas es el rechazo social, que es lo que nosotros tratamos de desandar generando lazos entre ellos y la comunidad", remarcó. El especialista asegura que por esa vía el programa "ayuda a resguardar las condiciones de alta". La mitad de los que trabajan en la radio ya fueron externados. El seguimiento que realizan los profesionales de La Colifata permite reconocer que las internaciones por recaídas son mucho más altas entre los participantes que, al externarse, dejan la radio. "Si siguen en el proyecto, trabajamos articuladamente con los terapeutas que los atienden afuera, hacemos talleres y terapia grupal", explicó. Por eso Olivera defiende la función de esta organización, que es crucial como apoyo externo del hospital. La Colifata ocupa un vacío grande como puente hacia la comunidad y nos vemos muchas veces desbordados por la demanda de pacientes dados de alta que son prácticamente expulsados del sistema", añadió. En diálogo con IPS, Hugo López, un paciente de 73 años que trabaja en la radio, contó su caso. "Tuve problemas graves en los años 80, estuve internado, recaí, y en el 90 y pico me empezó a agarrar una especie de tristeza, entonces un amigo me llevó al Borda, inicié un tratamiento como externo, y me sumé a La Colifata", relató. López, conductor del programa musical "La Fogonera", es contrario a las internaciones. "Uno está ahí todo el día 'empastillado', deteriorado, como muerto en vida, y después tiene miedo de volver a enfrentar el manicomio de afuera, por eso nosotros pedimos internaciones cortas y casas de medio camino", reclamó. Según este paciente, que se siente orgulloso de estar en tratamiento sin medicación, en el hospital Borda hay gente sin vida, deformada por los psicofármacos, sin dientes, mal alimentada y fumadora en exceso. "El psicofármaco calma la angustia, pero te anula como persona y hay médicos que te dejan preso de esa medicación", acusó. En su caso, la radio lo ayudó a "recuperar la coordinación entre la mente y la palabra". "Si la gente normal tiene miedo de enfrentar un micrófono, imagínese nosotros", comenta. Pero también le permitió llevar una vida más feliz, con mejor acceso a la cultura y al arte, describió, dando múltiples ejemplos. López también participó del encuentro mundial, cuyo objetivo, como explicó Olivera, fue "pensar juntos esta particular herramienta de intervención –en salud mental- aplicada en diferentes contextos". "Fue muy enriquecedor. Teníamos unos discursos muy bien armados, pero ahí todos hicimos crisis", comentó. De la reunión participaron pacientes y coordinadores europeos de la radio francesa Leon Dit, que trabaja con adolescentes que asisten al hospital de día, de Radio Nikosia, operada por pacientes ambulatorios en Barcelona, de Romper Barreras, de la también ciudad española de Málaga, y de Radio Rete 180, de Italia. La región latinoamericana estuvo representada por radio Vilardevoz, que funciona en el hospital psiquiátrico Vilardebó, de Montevideo, por Radio Diferencia, que opera dentro del hospital El Salvador de la ciudad chilena Valparaíso, y por Potencia Mental, la experiencia más nueva ya que surgió en 2006 en la meridional ciudad brasileña de Porto Alegre. En el encuentro se vieron diferencias en la forma de hacer uso de estas alternativas de tratamiento y se notó el dispar apoyo que reciben unos y otros. De Leon Dit viajaron 15 personas con respaldo estatal y de la sociedad civil. En cambio, La Colifata debió asistir al grupo uruguayo con tres de los seis pasajes, contó Olivera. "Los latinoamericanos tenemos más problemas", dijo, pero confió en que el encuentro haya servido también para afianzar vínculos que redunden en nuevos intercambios o transferencia de recursos. Por ejemplo, cuando en Italia se intentó reabrir los manicomios que habían sido cerrados, Olivera viajó con López. "Fuimos a un congreso de psiquiatría en 2005 porque (el entonces primer ministro derechista Silvio) Berlusconi quería volver a abrir los manicomios", contó López a IPS. "Yo lloraba por estar ahí, era mi primera vez en Europa. Y les decía a los italianos: 'miren lo que están haciendo los cuerdos con el mundo…'", ironizó. Lo cierto es que la experiencia surgida en el hospital Borda está en riesgo. La ciudad de Buenos Aires había firmado un contrato para que La Colifata produjera en 2006 microprogramas de televisión para el Canal de la Ciudad, de propiedad del gobierno local. Eso, más donaciones privadas, permitieron un crecimiento del proyecto. La Colifata, que desde mayo tiene un estudio propio en el psiquiátrico financiado por un particular, creó una asociación civil y abrió una oficina donde trabajan profesionales y técnicos. Allí tienen una isla de edición y un lugar donde se encuentran los pacientes de la radio, hacen talleres y terapia grupal. En marzo, cuando ya hacía tres meses que esperaban el dinero, las autoridades les avisaron que no renovarían el contrato en 2007, cuando se renueva el gobierno. Ya no sólo se quedaron sin programas para hacer sino que no pueden cubrir sus gastos. Siguen sí haciendo la radio desde el hospital y brindando terapia hasta que puedan. López coincide en señalar la gravedad de esta falta de apoyo. Con el contrato vigente, los pacientes que trabajaban para televisión percibían una remuneración de 200 pesos mensuales (unos 68 dólares) que significaban una enorme ayuda. "Pasan cosas insólitas como que hay gente que está en el hospital desde hace 10 años sólo porque no tiene adonde ir", denunció. "Yo tengo mi casa y mi jubilación porque trabajé muchos años, pero hay muchos que viven en la calle. Ahora tres compañeros consiguieron un subsidio para que el gobierno de la Ciudad les pague una pensión, pero ¿y para lo demás?", se pregunta López, quien cree que 60 por ciento de los internados en el Borda podría hacer algún trabajo. "Sin embargo mueren allí, abandonados por la familia, sin nada que hacer. Y es que cuando uno entra en el túnel negro de la mente, si no hay una mano que te saque, te morís", concluyó López.(FIN/2007)

El largo camino de la reinserción tras pasar por el neuropsiquiátrico




Parte del 2005 y todo el 2006 lleva el pedido de un grupo de internos del hospital neuropsiquiátrico "Agudo Avila", paraun nuevo modo de atención les permita vivir fuera del nosocomio.







Internos del "Agudo Avila" dicen que les cuesta encontrar trabajo cuando mencionan su internación. De 80 pacientes que viven en el hospital, la mitad estaría en condiciones de mudarse a una casa.
Por Paula Kearney

Desde hace más de un año, un grupo de internos del Hospital Psiquiátrico Agudo Avila están reclamando que se modifique el modo de atención a la salud mental, principalmente en lo relativo a la desmanicomialización y a la posibilidad de tener casas de medio camino, donde poder vivir una vez que su tratamiento les permita obtener un trabajo y reinsertarse en la sociedad. Para esto, en septiembre de 2005 elevaron su reclamo a la Dirección de Salud Mental de Santa Fe, adonde les aseguraron que en dos meses tendrían una respuesta. Sin embargo, la respuesta no sólo no llego para ellos, sino que el titular del área, Gustavo Castaño, tampoco respondió ninguno de los llamados ni mensajes de este diario para hablar sobre el tema.
Otra demora inexplicable es la que tiene que ver con la reglamentación de la Ley de Salud Mental (Ley 10.772), que fue aprobada en 1991, y -de reglamentarse- debería detallar qué tipo de servicios brindaría la provincia en relación a la salud mental. Así, estos servicios estarían incluidos en el presupuesto anual para poder llevarlos adelante.
Dentro de este presupuesto es que los internos reclaman que se contemplen las casas de medio camino, ya que para aquellos que no tienen otro lugar adonde vivir porque no les alcanzan sus ingresos, y que ya tienen el alta, es muy complicado encontrar un trabajo cuando dan la dirección del Hospital Psiquiátrico. Cabe aclarar que de los cerca de 80 pacientes que viven en el Hospital, alrededor de la mitad estaría en condiciones mudarse a una casa de medio camino.
Sin embargo, a pesar de que el reclamo comenzó en noviembre de 2005, la respuesta de la Dirección de Salud Mental fue que en el 2006 no habría novedades porque "el presupuesto ya había sido destinado para otras cosas", informó Alejandro, uno de los pacientes. Lo curioso es que tampoco durante el 2006 se haya reglamentado -a pesar de las 600 firmas que juntaron avalando el pedido de reglamentación- por lo que el presupuesto de Salud Mental para el 2007 tampoco contempla lo que están solicitando.
"Nuestra pretensión era que -si se reglamentaba- nos pidiesen asesoramiento, porque realmente somos nosotros los usuarios de salud mental, los que estamos solicitando esas reformas y los que llevamos adelante esta lucha antimanicomial", apuntó Beatriz, otra de las pacientes, y explicó: "lo que estamos pidiendo con la lucha antimanicomial no es que se saque el edificio en sí, sino que se cambie la forma en que se administra la salud mental. Pedimos que sea totalmente diferente a lo que se está haciendo en este momento, hacinándonos en determinados lugares, sino quedándose en las casas. Así como ahora hay salas de odontología, de clínica, que haya un lugar donde haya psicólogos y psiquiatras que te atiendan, sin tener la necesidad de ir a un lugar como es el mal llamado "Suipacha".
A continuación, Beatriz aclaró que están "atendidos por profesionales", que están "perfectamente bien, contenidos, medicados y controlados", y aseguró que están "mejor que muchas personas que están en el afuera y se creen que no tienen nada". En este sentido, manifestó que "hay muchas personas que están depresivas o totalmente voladas, y acá adentro no somos todos locos los que estamos". En consecuencia, aclaró que si bien "hay gente que necesita una determinada internación, o que la ha necesitado", también están los que "pueden vivir con sus familias" y hacerse tratar por consultas.
Uno de los aspectos que Beatriz destaca de ella misma y de sus compañeros, es que el hecho de estar llevando adelante el programa Tardes Nuestras por FM Aire Libre -que fue declarado de Interés Municipal- "aunque no sea remunerado es un trabajo". De esta manera, "estamos demostrando a todas las personas que nosotros nos vamos a sacar ese estigma de "loco", y ver que nos podemos reinsertar en nuestra sociedad, que somos seres independientes y también queremos salir adelante y saber que estamos dentro de la sociedad y que somos útiles como otras personas", afirmó. Tal es el caso de Hugo, que antes de vivir en el Hospital era panadero, y hoy tiene ganas de volver a trabajar y "demostrarle a la gente que también podemos hacer transpirar nuestra frente trabajando", pero no puede hacerlo porque al mostrar el documento con la dirección del Hospital Psiquiátrico lo discriminan y no le dan siquiera la posibilidad de demostrar lo que sabe hacer.
Por último, su deseo es que este año "se reglamente todo" para poder cambiar la política manicomial por una de desmanicomialización que contemple las necesidades de los pacientes.
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lunes, 18 de junio de 2007

Son gente como uno




Uno camina por la calle y, ante la aparición de ese hombre al que de niños llamábamos “el loco”, cruza, de inmediato, a la vereda opuesta. A nadie, probablemente, le parecerá anormal esa actitud. Al final de cuentas, es un ‘loco’. Pero ¿a cuántos les parecerá normal tener un niño con síndrome de down en casa y no llevarlo, por ejemplo, a misa? ¿O a la matinée del barrio, a la que sí van sus hermanos? ¿A cuántos, presentar a la enamorada a toda la familia, excepto a esa tía con esquizofrenia que vive encerrada en una habitación del segundo piso? ¿Cuántos de nosotros hemos excluido, marginado o rechazado a un pariente o alguien cercano, aún sin la intención de querer hacerlo?
Lamentablemente, muchísimos. Los prejuicios que rodean a las personas con enfermedades mentales son muy comunes. Se les margina en la familia, en el centro de estudios, en el trabajo. En muchos casos, la pobreza suele agudizar sus síntomas y, entonces, terminan convertidos en esas entes andantes que vemos deambular por las calles, en estado casi animal, a las que todos temen acercarse.


Esta actitud de rechazo es una de las razones que animaron a Aprodeh a poner en marcha la Iniciativa para la Inclusión de Personas con Discapacidad Mental (PCDM). Un proyecto que busca que las personas que sufren enfermedades mentales y sus familias se visibilicen y se conviertan en un movimiento que logre ejercer influencia en las políticas y decisiones que adopta el Estado.


ÁMBITOS. El trabajo de Aprodeh incide en dos áreas. Por un lado, el de los prejuicios. Tratando de derribar mitos como el que sostiene que las personas con discapacidad mental son agresivos, lo que puede llevar a que, cuando son niños, no se les permita jugar con chicos de su edad, o a que, en casos extremos, sean víctimas de maltratos. Porque –según la creencia de algunos– es la única manera de tratarlos.



La otra área es el papel del Estado en el acceso a los servicios de salud. Es increíble que el 70% de los médicos psiquiatras esté distribuido en Lima, Arequipa y Trujillo. Y que los tres grandes hospitales de salud mental que hay en el país estén en la capital. Como sostiene Elsa Bustamante, jefa del equipo que lleva a cabo la Iniciativa, el Estado debería garantizar que en todas las regiones y provincias, la población tenga acceso al tratamiento y rehabilitación integral (inserción familiar, social, laboral), para lo cual se requiere una distribución más equitativa de los especialistas en salud mental y psiquiatría. De modo que, en algún momento no muy lejano, las personas con discapacidad mental puedan acudir a los especialistas y recibir tratamiento ambulatorio, como el que reciben, por ejemplo, quienes padecen diabetes u otras enfermedades que requieren seguimiento. Eso ayudaría mucho a combatir el prejuicio, la segregación y el estigma.



Sin embargo, agrega la especialista, la inclusión de las personas con discapacidad mental no se limita solo a las reformas de los servicios de salud, sino también a la intervención de otros sectores y niveles del Estado y la sociedad civil organizada en las comunidades.


GRAVE DIAGNÓSTICO. La experiencia de Aprodeh en el área de Salud Mental quedó muy marcada cuando, en 2003, mucho antes de concebir la Iniciativa, realizó, junto con expertos del instituto norteamericano Mental Disability Rights International (MDRI), una investigación sobre los derechos humanos de las personas con discapacidad mental. Los resultados fueron alarmantes. Se descubrió que en los tres establecimientos públicos de salud mental se cometían graves violaciones a los derechos humanos, entre ellas trato inhumano y degradante a sus pacientes. Y se constató, además, que la atención que el Estado prestaba a las personas con discapacidad mental era mínima.
Las cosas, lamentablemente, no han cambiado mucho. Por eso, la preocupación principal de la Iniciativa es lograr que las personas con discapacidad mental y sus familias logren constituir un movimiento ciudadano que exija ser escuchado cuando se diseñen las políticas públicas que los afectarán. Por ahora hay talleres en Lima, Huánuco, Huancayo y Piura, pero la idea es abarcar más espacios. Hay mucho por hacer.

Más Información:
Informe Derechos Humanos y Salud Mental en el Perú http://www.aprodeh.org.pe/desc/documentos_salud/informe_mdri.pdf